Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de Harvard, advierten sobre el peligro que representan líderes electos como Trump para la democracia; Kamala Harris emerge como una esperanza ante la incertidumbre

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, profesores de la Universidad de Harvard, publicaron en 2018 uno de los libros más vendidos ese año entre el público especializado en el análisis político y la política comparada: “¿Cómo mueren las democracias?” Este documento se enclava en uno de los contextos más controvertidos del mundo occidental al analizar de forma profunda el ascenso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos de América.

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Ciertamente, los investigadores no se centran exclusivamente en las causas de la elección de Donald Trump en 2017, pero plantean una explicación acerca de las acciones que el representante del partido republicano adoptó durante su gobierno y sus efectos en el funcionamiento democrático de los Estados Unidos.

La visión en general es pesimista y expresa una llamada de atención a un flanco frágil del funcionamiento democrático desde sus entrañas, ya que los autores suponen que las democracias no solo se derrumban por medio de golpes de estado de los líderes autoritarios, sino que plantean con toda claridad que el orden democrático puede ser socavado por acciones de representantes elegidos a través de los procedimientos legítimos y constitucionales. Para ello mencionan, entre otras cosas, el desconocimiento a la legitimidad de la oposición, cerrando canales de interlocución y diálogo que resultan indispensables para el intercambio y la negociación política.

Por otro lado, para Ziblatt y Levitsky, a través de la figura de Donald Trump se reafirman los principales temores del tránsito democrático hacia una autocracia. De ahí que al final del libro definan la viabilidad de un camino que ponga a salvo a las democracias, desde la más compleja hasta la más fundamental. En todo caso, las recomendaciones se centran en aspectos que resultan necesarios para una vigilancia de los actos de gobierno a través de la esfera ciudadana.

La independencia entre los distintos poderes del Estado es otro aspecto a considerar ya que dificulta la centralización de decisiones y reafirma la función de los contrapesos indispensables para un sistema de equilibrios mutuos. De igual manera, emerge una idea fundamental para la convivencia democrática: la tolerancia mutua. A través de esta se abre la ventana a la crítica hacia el pensamiento oficial, pero sobre todo se mantiene el reconocimiento de presentarse como una oposición legítima al gobierno en turno.

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Por otro lado, durante las semanas recientes la postulación de Kamala Harris a la presidencia de los Estados Unidos se ha visto fortalecida por el apoyo significativo en donaciones y de igual manera las encuestas electorales y los momios de las casas de apuestas comienzan a reflejar un mayor respaldo entre votantes potenciales. Mientras tanto, la candidatura de Trump se observa estancada entre un electorado cada vez más motivado por Harris.

El periodo intermedio de Biden en la presidencia ha apuntalado a las instituciones políticas estadounidenses, las cuales fueron fracturadas por el trumpismo. Sin embargo, la democracia no se mantiene estable y fuera de peligro; por el contrario, prevalece la incertidumbre electoral sumada a la desconfianza institucional que ha arraigado de forma eficiente entre un perfil electoral que mantiene una mayor identificación con el nativismo de Trump.

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Ante esto, es un momento determinante para medir los alcances de Kamala Harris ahora que el presidente Biden ha decidido hacerse a un lado. La actual vicepresidenta tiene ante sí un largo y sinuoso camino, veremos si lo puede transitar adecuadamente.

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