El trabajo docente es una labor gratificante y desafiante a lo largo de la historia, con la enseñanza como base del desarrollo civilizatorio
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
Sin duda alguna el trabajo docente es una de las actividades humanas más satisfactorias a las que se puede aspirar. La historia nos permite atestiguar como en distintas etapas de la humanidad y en distintos entornos sociales se ha valorado positivamente el papel de la enseñanza, misma que resulta fundamental para la convivencia y el desarrollo civilizatorio.
Desde el ágora griega hasta las universidades medievales, incluyendo el modelo de educación prehispánica en América o el sistema de enseñanza a través del Confucianismo en la antigua China, hasta la disputa actual de distintos modelos educativos, la humanidad ha generado sistemas de enseñanza centrados en diferentes objetivos, desde la transmisión de conocimientos indispensables para la supervivencia hasta la formación de valoraciones éticas y artísticas, incluyendo novedosas estrategias de construcción del conocimiento científico, a lo largo del tiempo la práctica docente refleja una situación de intercambio con discípulos y el entorno, de ahí su condición dinámica y desafiante como elemento esencial.
En la actualidad este proceso no puede entenderse alejado del diálogo permanente y distintas situaciones horizontales y de retroalimentación mutua. Esto plantea múltiples retos en la actividad docente, en donde sobresale la incorporación acelerada en un entorno tecnológico vertiginoso tanto por medio de artefactos (gadgets) y de medios virtuales de interacción como las redes sociales y la Inteligencia Artificial.
Por otro lado, el trabajo docente implica un compromiso con la actualización constante, el desarrollo de estrategias de atención a problemas del aprendizaje y múltiples actividades adicionales que muchas veces no encuentran retribución y reconocimiento oficial.
Según datos del Gobierno de México, obtenidos a través del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en los distintos niveles educativos (básico, medio y superior) se desempeñan más de dos millones de profesionales de la educación (hay 2 millones 019 mil 632 personas docentes en 255 mil 589 escuelas). De estos profesionistas 63 por ciento se concentra en la educación básica y de esos, más del 60 por ciento corresponden a mujeres.
Con orgullo reconozco que he tenido la fortuna de desempeñarme como docente universitario durante casi 20 años y tengo que reconocer que los retos cotidianos representan una motivación que es recompensada con los resultados en el corto, mediano y largo plazo que obtienen los estudiantes.
Cada sesión de trabajo representa una aventura novedosa, cada generación estudiantil expresa distintas realidades, cada alumno y alumna brindan distintos escenarios de retroalimentación, la novedad y la diferencia son combustible para este trabajo y si hubiera la posibilidad de viajar en el tiempo, la docencia sería una profesión que elegiría nuevamente.





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