Hace medio siglo, Alfonso Sánchez García elogió a José Vicente Villada, recordado gobernador del Estado de México, valorado por su apoyo a los pobres y su legado constructivo
Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce
Hace medio siglo, cuando el Estado celebraba el Sesquicentenario de su Erección, en su Historia del Estado de México, Alfonso Sánchez García escribió lo siguiente:
“Todavía existe en el Estado de México el culto a Villada. Hay quien afirma sinceramente que, hasta el día de hoy, no ha existido en estas tierras gobernador más eficiente, cumplido y talentoso. En muchísimas formas suele recordársele: frente a su tumba, que es la más impresionante del Cementerio; se realizan grandes ceremonias cada año, existe una calle que lleva su nombre, una escuela… y una serie de placas, ya casi extinguidas, que lo recuerdan como el ‘Gobernante Constructor’…
Ciertamente, el general José Vicente Villada, el gobernador porfirista por excelencia en nuestra entidad, ha trascendido en la historia como uno de los mejores gobernantes —por su apoyo a los pobres y a los obreros se le llamaba “Tata José”, una suerte de precursor del paternalismo cardenista, por aquello del “Tata Lázaro”—, al contrario del dictador Porfirio Díaz, quien aún es vilipendiado y malquerido por muchos mexicanos. El también llamado Profesor Mosquito ofrece un indicio del porqué de esta situación:
“Ignoramos si este culto a Villada podría existir en caso de que, sobreviviendo unos años más, el general hubiese tomado parte en la Revolución, sin duda, de parte de don Porfirio. Pero murió mucho antes de tener oportunidad de mancharse las manos con sangre revolucionaria y por eso la propia Revolución ha sido consecuente con su memoria… [de manera que] el culto villadista parece ser un caso de inercia… Después de todo, el señor Villada contribuyó en gran parte a crear la situación abominable que tanto le critican al porfirismo sus detractores”.
En otras palabras, Villada —como Benito Juárez— se murió a tiempo y por ello es de grata memoria, mientras que Díaz no tuvo esa fortuna —ocurre lo mismo con el gobernador Fernando González, hijo del presidente manco Manuel González, compadre de Díaz. Don Fernando sustituyó a Villada cuando éste murió y sólo renunció el mismo día que el viejo dictador Porfirio, su padrino, el 25 de mayo de 1911—.
Actualmente, hemos dicho, Villada sigue siendo uno de los gobernantes mejor recordados —junto a Isidro Fabela—. Especialmente en Toluca continúan en pie los símbolos por los cuales se le recuerda: la atractiva calle que lleva su nombre, que corre hacia el sur desde avenida Hidalgo y llega hasta la iglesia del Ranchito en Horacio Zúñiga; la estatua del prócer al finalizar su calle y al iniciar el Paseo Colón; la apertura del mismo Paseo Colón, que conecta Toluca con Capultitlán; la tumba del héroe en el Panteón General de la Soledad, en avenida Morelos; y la primaria con su nombre en la calle Juárez, a unos pasos de la Rectoría de la UAEMéx. Y en reuniones de cronistas, indudablemente salen a relucir sus obras —en las que no abundaré—, así como la vida de tenacidad y esfuerzo que hacen admirable a este personaje decimonónico.
Villada ciertamente fue el constructor de la Toluca moderna, de aquella ciudad que los poetas y cantores llamaban “Toluca la bella”. Sin embargo, en su tiempo, la gloria y la fama de don José Vicente trascendieron las fronteras de la capital y del Estado.
El 1905, un ilustre hijo adoptivo y ex gobernador interino del Estado de México, don Francisco Javier Gaxiola y del Castillo Negrete, recopiló una serie de notas de prensa con motivo del fallecimiento de Villada, acaecido a las 4 y 10 de la tarde del día 6 de mayo de 1904 por una grave enfermedad infecciosa pulmonar. Dichas notas fueron recopiladas en la publicación llamada Corona Fúnebre del Sr. Gral. D. José Vicente Villada Gobernador del Estado de México, impresa en Toluca, con oraciones, lamentos y crónicas que también recogen rasgos de la biografía de Villada.
Las notas provienen de periódicos de Toluca y de estados como Hidalgo, Michoacán, Coahuila, Morelos y la Ciudad de México. Comento algunas notas que reflejan la importancia que se daba al personaje en otras latitudes de nuestro país.
El Periódico Oficial de Hidalgo dijo que “Tan sensible como inesperado acontecimiento no ha podido menos de llenar de consternación y luto a todos los habitantes del Estado de Hidalgo que admiraron en aquel insigne ciudadano, al probo y preclaro gobernante y al amigo incondicional de la clase obrera…”. Cabe señalar que, en su juventud, antes de ser militar, Villada tuvo actividad como comerciante de granos en Pachuca.
“El Centinela” de Morelia registró estas palabras: “…el señor Villada nos era simpático, porque desde que entró de Gobernador de Toluca, se declaró protector de todos los michoacanos que eran desdeñados aquí y a quienes acogió de una manera generosa, colocándolos en buenos empleos”. Además, durante la intervención francesa, luego de defender Puebla en el Sitio de 1863, de ser llevado preso y de fugarse en Veracruz, Villada enfrentó a los imperialistas y conservadores en Michoacán; rechazó el cargo de Gobernador en aquella entidad y, por sus servicios, en 1868 el Congreso michoacano lo declaró “ciudadano” del Estado junto a Benito Juárez y a Vicente Riva Palacio.
Desde Saltillo, Coahuila, “El eco del trabajo” hizo resonancia de esta muerte con las siguientes palabras: “La mayor parte de la prensa de la República por no decir que toda, ha comentado el fallecimiento del ilustre protector de la clase obrera”. Basten estos ejemplos para mostrar que Villada era conocido y admirado a nivel nacional, siendo éste un aspecto poco conocido de la vida de don José Vicente.
Once días después de su fallecimiento, el 17 de mayo de 1904, el Congreso del Estado emitió el decreto 52, cuyo artículo 5º estableció que “El Distrito de Lerma se denominará en lo futuro ‘Lerma de Villada’”. Como se observa, el apellido se refería al Distrito y no precisamente al municipio de Lerma. Es probable que las autoridades municipales percibieran que, con las modificaciones territoriales sufridas a lo largo del tiempo por los distritos, el apellido se perdería al desaparecer aquel antiguo distrito y por ello lo habrían rescatado para su comunidad y preservado hasta hoy. En todo caso, tienen suerte los habitantes de Lerma al contar con el nombre de un prócer como Villada, mientras que en Toluca seguimos preguntándonos por qué debemos honrar a Lerdo.
Sirva esta crónica como recuerdo de gratitud de uno de los gobernantes predilectos del Estado de México, a 120 años de su fallecimiento.






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