Las inquietudes no se hacen esperar y en lo que a la producción del libro se refiere surge un añejo temor: ¿reemplazarán las máquinas a los humanos?
Rodrigo Sánchez
Camilo Ayala Ochoa es un editor mexicano con 39 años de experiencia. En la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, se encarga de los contenidos electrónicos y otros proyectos. Es además historiador, bibliófilo, teólogo social y promotor de la lectura. Conoce casi todo lo que hay que saber sobre libros pues también ha sido bibliotecario, corrector, ilustrador, guionista, encuadernador, redactor, catalogador y consultor. Entre sus publicaciones destaca su último libro con un tema muy en boga: Letras impostoras. Reflexiones sobre el plagio (UAA, 2023).
El pasado 14 de junio vino a Toluca a dar una conferencia en el marco del 17º Aniversario del Consejo Editorial, con el sugerente título Huérfanos de la imprenta. Inteligencias sintéticas y cultura del plagio. Fue, por supuesto, una extraordinaria charla, pero la verdad es que, por las cosas que dijo sobre el futuro del mundo editorial, los asistentes quedamos un poco desesperanzados —a lo cual contribuyó el calor atípico en nuestra antes templada ciudad—. Comenzaré por reproducir el final que Camilo tuvo a bien reescribir en su perfil de Facebook unas horas después, y que a la letra dice:
Mi generación todavía es hija de la imprenta y creció entre espacios de lectura: quioscos desbordantes de revistas y periódicos, librerías con clientes que no iban a tomar café, bibliotecas silentes con tarjeteros, presentaciones de libros que no necesitaban música o danza para lograr audiencias, ferias de libros cuyo elemento principal era el libro… El libro electrónico no es la competencia del libro analógico, lo es el medio electrónico. El hombre tipográfico dejó su espacio al hombre iconográfico y vino el hombre holográfico con toda la carga de simulación: vemos personas felices en las redes sociales, amigos que no se conocen, imágenes photoshopeadas o con filtro, plagiadores descubiertos que no dudan en cobijarse tras la ley. Somos huérfanos de la imprenta y debemos aprender a vivir con eso. Eso es lo que más o menos dije al final de la conferencia a la que tuve el honor de ser invitado por el CEAPE.
De entrada surgen reflexiones como que, paradójicamente, en un mundo donde se dispone de millones de libros en físico, somos “huérfanos de la imprenta”; y si creíamos que el libro digital iba a sustituir al analógico —hace mucho dejé atrás esa idea, pero no tenía clara la real amenaza a los libros—, pensábamos de manera incorrecta.
El medio electrónico hoy se ve reflejado sobre todo en la Inteligencia Artificial (IA) y, para reflejar la situación actual, Camilo describió las prótesis digitales, sorprendentes implantes que sólo acostumbrábamos ver en la ficción;luego pasó a explicar las prótesis usadas en la edición y los libros, comenzando por la incorporación de criterios de sostenibilidad con la llamada “ecoedición”, es decir, procesos de elaboración y certificación de libros que reducen el impacto ambiental en toda la cadena de valor.
Enseguida, los no menos asombrosos nuevos materiales: papel hecho de piedra para evitar talar árboles y reducir el consumo de agua. Tintas: vegetales; las que se fijan conrayos UV; de látex formadas por partículas de pigmentos y polímeros sintéticos; y gran variedad de tintas inteligentes:fotoactivas, termocromáticas, magnéticas, eléctricas, conductivas, biosensibles, comestibles, aromáticas, inalámbricas, etcétera.
Aquí observamos un primer futuro: la tendencia a mezclar materiales sostenibles y flexibles, con apoyo de procesos digitales como la consabida impresión 3D, para lo cual seha acuñado el término “A-Book”, de manera que se transita de la edición de textos y figuras (sígnico), a la ciberedición de hipertextos (estático, acotado), a la hiperedición de cibertextos (dinámico, líquido). ¿Y qué pasa con la IA? Aquí viene la parte incómoda.
Últimamente, cuando alguien pregunta por lo más nuevo en IA, se responde —porque se escucha en redes sin saber bien de qué trata— que el ChatGPT, sistema entrenado para sostener conversaciones y realizar cosas que se le pidan, incluida una tesis de doctorado. Pero la verdad es que, quien a esta hora responde “ChatGPT”, sequeda corto pues no es sino una más de las varias inteligencias artificiales que existen, incluso mejoradas como Bloom, Pepertype.ai, Rytr.me, Jasper, escríbelo.ai y otras.
Lo anterior hace que Camilo más bien utilice el término “bot” para describir toda la gama de IA alrededor de la edición. De esta forma, existen bots como los siguientes:
• Impresores: apoyan el mantenimiento predictivo, la organización de flujos de trabajo, elaboran cotizaciones y controlan inventarios.
• Editores: buscan libros superventas (bestseller) y construyen un “superventómetro” (bestseller-ometer).
• Actualizadores: hacen que los libros se actualicen solos.
• Correctores de estilo: Scribens, Virtual Righting Tutor, Grammarly, ProWritingAid, Language Tool, OnlineCorrection, PaperRater, Outwrite, Ginger Online, entre otros.
• Libreros: encargados de las ventas de libros (Amazon).
• Críticos literarios y de arte.
• Convertidores de libros impresos en audiolibros (Auris).
• Medium —el término no es de Camilo; así les he nombrado—: permiten hablar con los muertos a partir de reproducir las características de la voz y pensamientos de personas fallecidas, al nutrirlos coninformación disponible en la red.
• Creadores y autores sintéticos de literatura y de obras artísticas; periodistas y reporteros; “algo writers”(escritores de algoritmos).
• Bookflix: plataforma tipo Netflix que permite al usuario escoger su lectura preferida en el momento que le plazca y pagar por lo que lee, así sean 50 páginas de 500.
Al cobrar conciencia de lo anterior, las inquietudes no se hacen esperar y surge un añejo temor: ¿reemplazarán las máquinas a los humanos? Y es que las implicaciones de todo ello son profundas, muchas de ellas evidentes ygraves:
• Automatización del trabajo editorial. Se calcula que en el mundo están en riesgo del 14 al 20% de los empleos actuales. En la edición podría ser un porcentaje mayor.
• Todos los días algún bot genera un libro u obra de arte de su autoría, incluso con copyright. ¿Llegarán los botsa ser más creativos y sensibles que los humanos?
• Cada vez los bots desarrollan IA que les permite contar una especie de “genética”, así como auto reprogramarse, aprender y hacerse expertos.
• El plagio podría ser el orden —o caos— reinante. De por sí la internet se considera una “gigantesca máquina de copiado”.
• Avanza la cultura de la simulación, en parte gracias a las redes sociales, un mundo cuya realidad cada vez se parece más al metaverso, repleto de avatares.
Llama la atención el futuro que prevé el inventor y futurólogo Ray Kurzweil, a la letra:
• Para 2029, los ordenadores tendrán una inteligencia a nivel humano.
• Para 2030 la realidad virtual será muy similar a la real.
• A finales de los 2030 podremos cargar la mente/consciencia.
• En 2040 la inteligencia no biológica será mil millones de veces más capaz que la biológica.
• También en los 2040 cualquier objeto se podrá hacer aparecer en el mundo físico.
• Para 2045 multiplicaremos nuestra inteligencia por mil millones, vinculándonos de forma inalámbrica con la nube a través del neocórtex.
¿Existe esperanza ante todo ello? Mi primera impresión en ese momento fue que las editoriales públicas, como el CEAPE, están muy rebasadas en esos temas y que cada una deberá amoldarse y prever el futuro —aunque ese es otro tema—. Por supuesto Camilo habló de otras cosas, como los Tokens no fungibles (TNF) y la propiedad y registro de marcas digitales, pero rescato la idea de que ya hay especialistas que proponen hacer un alto en la evolución de la IA. Pienso que eso no pasará y que, como dice Ayala, debemos aprender a vivir con ello. No obstante, sí hay algunas esperanzas:
• Existen detectores de texto generados por bots (de salida GPT-2 que usa el modelo base OpenAI Detector de RoBERTa) o, al reves, textos hechos por humanos (GPTZero creado por Edward Tian, alumno de la Universidad de Princeton).
• Tendencia a legislar para evitar el plagio sobre los principios de “no hay obra sin autor, ni autor sin obra”; y de José Rafael Fariñas: “Coincidimos con la doctrina en que la obra se protege cuando ha sido creada por una persona física y además tenga atributos de originalidad, que refleja la personalidad o impronta de su autor”.
• Haciendo eco de las leyes de la robótica de Asimov (El círculo vicioso, 1942): “El indetenible futuro del libro es futuro siempre que sea humano y exprese humanidad”.
Finalmente, creo que siempre nos quedará la “resistencia” humana, como en las películas posapocalípticas. La última lámina de Camilo mostró un verso de la canción Sobredosis de TV (1984) de Soda Estéreo: “No puedo seguir maquinándome”.




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