Más allá de los distintos espacios de socialización democrática, el proceso de formación de ciudadanía requiere de una serie de competencias que favorecen la participación de las personas en su relación comunitaria e institucional
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
La literatura científica especializada en el estudio de los regímenes científicos y las formas de gobierno coincide en plantear que la solidez de los gobiernos democráticos depende del perfil de ciudadanos que prevalece en la población. Debido a esto uno puede preguntarse no solo cuáles son las características ideales para una ciudadanía democrática, también surge la duda sobre las formas en que se generan los valores y capacidades con los que participa la población en la esfera pública y sobre todo el papel de las instituciones sociales para la formación de dichas características.
La primera esfera a la que solemos atribuirle el marco formativo del perfil ciudadano es la familia ya que en ella se establecen los procesos de socialización inmediata desde la infancia. En otro momento se puede hacer referencia al espacio escolar como el entorno de consolidación la formación cívica e interacción social. También el entorno laboral es un ámbito propicio para ejemplificar los distintos procesos de participación en los que nos desenvolvemos en sociedad. Muchas veces la comunidad y los lazos que abrigan la tradición en las localidades también son una expresión de un entorno participativo democrático.
Más allá de los distintos espacios de socialización democrática, el proceso de formación de ciudadanía requiere de una serie de competencias que favorecen la participación de las personas en su relación comunitaria e institucional. Algunas competencias ciudadanas a las que se puede hacer referencia son las siguientes:
- El reconocimiento de la diversidad de quienes integran la sociedad: permite consolidar sociedades multiculturales en las que las diferencias étnicas o culturales no impidan la convivencia pacífica.
- La empatía con quienes se encuentran en desventaja social: hace posible consolidar las demandas de derechos igualitarios, promoviendo mejores condiciones de vida en las sociedades.
- Distintas capacidades de intervención para transformar la realidad de forma positiva: favorece la participación social de forma efectiva en beneficio de la sociedad en su conjunto.
- La inclusión de las necesidades de grupos minoritarios a la agenda pública: hace posible la defensa de minorías que podrían cuyos derechos podrían ser limitados en función de los intereses mayoritarios.
- La resolución de conflictos de forma pacífica: se traduce en la construcción de soluciones sin violencia para atender conflictos originados por diferencias de intereses o valores de actores sociales.
A estas competencias ciudadanas hay que incorporar el respeto al Estado de Derecho y la vigencia de las leyes en la organización de la sociedad, la vigilancia al funcionamiento de las instituciones y la transparencia en el desempeño de las acciones de gobierno. La suma de estos ingredientes brinda una mayor posibilidad de construir un sistema democrático, por lo que resulta importante tomar en cuenta las alternativas estratégicas para su construcción.




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