“A la gente gris, le encanta robarnos los colores”
Carlos Mota Galván / @CarlosMotaG
Hay dos países en América Latina que en el combate al crimen organizado representan las dos caras de la moneda, los polos opuestos en la aplicación de la ley: El Salvador y México. El primero optó por la mano dura, tan dura que comúnmente suele violar flagrantemente todos los derechos humanos, el segundo se inclinó por la concordia (abrazos no balazos) que solo ha logrado mantener en jaque a sus ciudadanos.
El Salvador, quien tenía la tasa de criminalidad más alta de toda Centroamérica, ahora mantiene una tasa de homicidios de tan solo 2.4 por cada 100 mil habitantes, cifra que contrasta drásticamente con la de 2015 que era de 106.3 por cada 100 mil. México, por su parte, si bien cerró 2023 con 1 mil 431 víctimas menos que el año anterior, la cifra de asesinatos se mantuvo por arriba de 30 mil por sexto año consecutivo. De hecho, en los primeros seis meses de este año, ya van 2 mil 185 crímenes con extrema violencia.
Este comparativo no significa que pensemos que lo hecho por Bukele sea lo óptimo, de hecho ahí entre las muchas violaciones que se hacen a los derechos humanos se han detenido a más de 3 mil menores de forma arbitraria y sometido a juicios con violaciones al debido proceso pero una cosa sí es segura: en El Salvador los delincuentes se la piensan dos veces antes de cometer sus fechorías.
En México, en cambio, el crimen organizado está tan empoderado por la prácticamente nula acción en su contra que hacen lo que les viene en gana, el asesinato del comandante Milton Morales Figueroa, mano derecha del próximo titular de la secretaría de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, así lo demuestra. Este hecho no solo es un desafío al Estado mexicano sino un recado, cualquiera que esté sea, a la próxima administración de Claudia Sheinbaum.
Ante la gravedad del hecho el presidente López Obrador anunció que “quienes hicieron esto serán buscados y castigados, no como antes que había impunidad”. La verdad es que a ciencia cierta no sabemos a qué se refirió con el “antes” pues hasta que se presentó un crimen tan mediático como este en la actual administración, es que se anuncian tales medidas. Según cifras recopiladas por la organización Causa en Común, del 1 de diciembre de 2018 al 28 de abril de 2024, fecha donde está vigente la llamada cuarta transformación, se han asesinado a 2 mil 381 policías en el país, es decir 1.2 policías muertos por día en lo que va del sexenio.
Guanajuato, Estado de México y Guerrero encabezan la lista de ejecuciones de policías pero este fenómeno se presenta en todo el territorio nacional, así pues, este crimen no es atípico en la forma de operar del crimen organizado, si acaso es más notorio por el personaje que se trata pero también les describe como lo que son: asesinos dispuestos a todo sin importar las consecuencias. Han perdido el miedo y ahora pretenden endosarlo a las autoridades.
La moneda de la que hablábamos al inicio nos muestra que las dos caras de esta moneda son destructivas per se; así, una de ellas tenga de momento tanto éxito; una sociedad que aspira a un desarrollo sano debe actuar con base en el Derecho y no inclinarse a uno u otro lado, lamentablemente en nuestro país hasta esa posibilidad parece alejarse con la reforma al Poder Judicial que pretenden aprobar.
Por ello cabe preguntarnos: ¿Cuál es en realidad el mensaje que lanzaron con el asesinato del comandante Morales Figueroa? ¿Cuál será la respuesta de la administración entrante? ¿En verdad pretenden seguir con los “abrazos, no balazos”? ¿Acaso ello no significa mantener al pueblo como rehenes de los violentos? De las respuestas a estas interrogantes podremos atisbar cómo serán las cosas en el futuro inmediato. Estamos por comenzar y todo pinta como un auténtico galimatías.






Deja un comentario