La separación de Poderes

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José Javier Niño Martínez - Horizonte social

En el caso de nuestro país, la separación de Poderes ha sido muy difícil de implementar en la práctica, aunque históricamente existe un reconocimiento constitucional de dicha división pero ha sido cosa común la injerencia y el conflicto entre Poderes

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Una de las herencias ideológicas trascendentales de la ilustración francesa lo constituye la idea de la separación de Poderes, cuyo fundamento central se refiere a la búsqueda del equilibrio entre contrapesos para controlar los excesos de quienes gobiernan, de esta manera el uso arbitrario del poder estatal es regulado en la práctica por una disputa de las atribuciones diferenciadas entre el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial.

El Barón de Montesquieu estableció esta separación de Poderes en su obra “El espíritu de las leyes”, recordemos que además en la época en que fue publicado el libro (1748) emergían con mucha fuerza en Francia distintas voces que cuestionaban cada vez con mayor dureza las acciones del despotismo aristocrático vigente en la época. Se avecinaban cambios importantes respecto a la forma de administrar el poder político que darían paso al fin del antiguo régimen y la transición a la moderna composición del Estado republicano moderno.

Esta premisa trascendió a la Revolución Francesa y se implementó en las nacientes repúblicas americanas de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, aunque hay que reconocer las grandes dificultades de dicha implementación en lo que hoy es América Latina. Por su parte, los Estados Unidos de América adoptaron en lo general la separación de Poderes y así lo plasmaron en su Constitución, sumándolo a la otra gran característica de su sistema político: el Federalismo.

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En el caso de nuestro país, la separación de Poderes ha sido muy difícil de implementar en la práctica, aunque históricamente existe un reconocimiento constitucional de dicha división pero ha sido cosa común la injerencia y el conflicto entre Poderes, particularmente durante el proceso posterior a la Revolución Mexicana el poder metaconstitucional del Ejecutivo significó una subordinación prácticamente absoluta de legisladores y jueces al predominio del presidencialismo.

En este sentido, las facultades prácticas resultaban trascendentales a las atribuciones y límites entre los Poderes. Sin embargo, la democratización gradual de las estructuras políticas del país poco a poco se tradujo en una nueva disposición entre la institucionalidad del sistema político mexicano, abriendo el escenario al ejercicio de las facultades que de antemano se encontraban a disposición de los diferentes actores.

Actualmente cobra relevancia la discusión sobre esta situación en nuestro país ya que atestiguamos la fortaleza popular de un Presidente con altos niveles de aceptación social y que al mismo tiempo controla a una mayoría legislativa a través del partido político mayoritario.

De igual manera vale la pena revisar si el Poder Judicial efectivamente asume ahora un papel de equilibrio respecto a los otros Poderes o si asumirá el papel de incorporación al proyecto político ya sea por medio de la subordinación o por medio de reformas que cambien su organización y funcionalidad. Muy probablemente Montesquieu se encontraría sorprendido de ver la trayectoria de la división de Poderes en México y el futuro que le espera a la democracia mexicana.

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