El Tren Insurgente ofrece una experiencia hermosa y cómoda. La primera etapa une Zinacantepec y Lerma sobre paisajes naturales y azoteas familiares
Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce
Es toda una experiencia subirse al Tren Insurgente. No importa que lo utilices para transportarte al trabajo o a tu domicilio, no importa que solo vayas a conocerlo y a turistear. Es un tren bonito y confortable y la vista que ofrece es excepcional.
Recordemos que la primera etapa del Tren Interurbano México-Toluca fue inaugurada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, en una fecha muy significativa: 15 de septiembre de 2023, ya que el tren había recibido el nombre de El Insurgente. En esa inauguración estuvieron presentes dos gobernadores: al que le quedaban unas horas en el cargo, Alfredo del Mazo Maza, y la gobernadora electa, la maestra Delfina Gómez Álvarez, primera mujer mandataria mexiquense.
En esta primera etapa el tren recorre 20 kilómetros en cuatro estaciones: Zinacantepec, Toluca Centro, Metepec y Lerma. La ruta la realiza siguiendo el trazo de la Vialidad Las Torres y el diseño de los logotipos de las estaciones recuerda al de las estaciones del Metro de la Ciudad de México. El primero representa al Cerro del Murciélago, significado de la voz náhuatl Zinacantepec; el segundo es la cúpula de la Catedral de Toluca, rematada por el santo patrono, San José; el tercero es un árbol de la vida de Metepec; y el cuarto el Río Lerma.
La Terminal se encuentra en Zinacantepec, donde inicia el recorrido, allá por las calles Eduardo Monroy Cárdenas y Las Torres, en una de las entradas al Centro Cultural Mexiquense. La siguiente estación, Toluca Centro, está en la confluencia de Las Torres y Pino Suárez, en Toluca. Le sigue la de Las Torres y Tecnológico, en Metepec. Culmina allá en Lerma, donde Las Torres casi se encuentran con el Paseo Tollocan y la desembocadura a la carretera México-Toluca.
Desde sus vagones, la vista permite observar algunos de los principales parajes naturales del Valle de Toluca, como la Sierrita que se extiende hacia el norte, en la que destaca el imponente y elefantiásico cerro de La Teresona; también el cerro de Tlacotepec y al fondo el volcán Nevado de Toluca; de igual forma permite ver una parte del legendario Río Lerma, el cual, increíblemente, sigue existiendo.
Pero, sobre todo, el paseo por el Tren Interurbano nos recuerda cómo es la vida en las azoteas de las casas y edificios, con cosas a las que difícilmente damos importancia pero que sirven para que la vida cotidiana fluya sin contratiempos, comenzando por los necesarios tendederos para poner a secar la ropa al sol, los tinacos de agua y los modernos Rotoplas, los tanques de gas y calentadores solares, el impermeabilizante de los techos que impide las filtraciones, antenas de cable e internet, cuartos de servicio, escaleras y puertas de acceso, macetas con plantas y flores, terrazas y huertos pequeños, domos y chimeneas, etcétera.
Es posible también observar una tremenda cantidad de cosas que sobrevive en las azoteas, cual si fueran bodegas de almacenamiento porque no hay otro lugar donde ponerlas: llantas viejas, metales inservibles y oxidados, cajas de refrescos, con botellas y sin botellas, macetas con y sin tierra, vestigios de aparatos que fueron funcionales, restos de muebles en los que alguna vez nos recostamos, nos sentamos a ver la televisión, a comer o a hacer nuestras necesidades.




En las azoteas también es posible ver proyectos de vida que están latentes, que han sido aplazados o que de plano duermen el sueño de los justos pero que en su momento fueron símbolo de la esperanza familiar, “por si podemos echar otro piso” o “por lo que haga falta”; proyectos de vida que se reflejan en las indispensables varillas que sobresalen de los castillos de las casas, varillas que muchas veces son cubiertas con botellas de vidrio de refrescos clásicos, como si eso las protegiera de la inminente oxidación y de las inclemencias del tiempo.
En fin, ver la vida en las azoteas de las casas es echar un ojo y chismosear en micromundos familiares a los que difícilmente uno tiene acceso. Bueno, ver la vida en las azoteas significa otear en lugares que a uno realmente no le importan. Y eso sólo es posible desde los vagones del Tren El Insurgente.
Por cierto que en agosto está programada la inauguración de la segunda etapa del Tren Interurbano para completar este sistema de transporte que unirá al Estado de México con la Ciudad de México, una continuidad de 38 kilómetros adicionales, con tres estaciones: Santa Fe, Vasco de Quiroga y Observatorio, es decir, que concluirá en la estación Observatorio del Metro. Desde Zinacantepec, todo el recorrido se realizará en 45 minutos, lo que será de gran beneficio para todos.
Antes de entrar a Ciudad de México, el Tren pasará por encima de terrenos de Ocoyoacac donde el 30 de octubre de 1810 se libró la Batalla del Monte del Cruces entre el ejército realista y los insurgentes encabezados por el cura Hidalgo. En 2021 elaboré el guion histórico para una representación de la batalla que se hizo con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la Independencia. Desde el Museo de Sitio y las estatuas de Hidalgo, Allende y Jiménez, observé las vías elevadas del tren, aunque no sabía que estaban a 80 metros de altura.
Las estaciones correspondientes a Santa Fe y Vasco de Quiroga, recuerdan la labor utópica del misionero y evangelizador Tata Vasco, que en esos parajes fundó un hospital-pueblo para brindar servicios de beneficencia a los indígenas. Siglos después, esos terrenos fueron basureros y sobre ellos se construyó, en tiempos del presidente Salinas, el actual Centro Comercial Santa Fe.
Finalmente, cabe recordar que, en los días de la inauguración del primer tramo, en redes se publicaron memes y bromas diciendo que, si en 1810, luego de la victoria en la Batalla del Monte de las Cruces, Hidalgo decidió no entrar a la Ciudad de México, era lógico que el Tren tampoco lo hiciera. Sin embargo, parece que este Insurgente, tarde o temprano, si entrará a la gran ciudad virreinal.







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