Las llamas y los libros

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José Javier Niño Martínez - Horizonte social

Mientras las escenas de quema de libros de la comunidad en Chiapas nos muestran la confrontación de argumentos irreductibles, debemos de pensar en la incapacidad de funcionarios públicos para construir un nuevo modelo educativo

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Es posible observar con asombro la noticia de que en días pasados en una comunidad en el estado de Chiapas se realizó la quema de libros gratuitos de educación básica bajo el argumento de no ser “aptos” para los niños y niñas de la comunidad. Este evento se encuentra inmerso en una disputa narrativa de posturas políticas en donde distintos actores han emitido puntos de vista que van desde una crítica hacia el contenido “comunista” de los libros hasta la defensa del derecho a la educación con sentido social.

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También se han abordado distintas críticas al contenido y seriación de conocimiento y habilidades que deberían de desarrollar los menores, mientras que por otro lado se defiende la incorporación de nociones como la responsabilidad social y la solidaridad con sectores poco favorecidos por el modelo económico neoliberal.

Independientemente de la valoración respecto a la pertinencia del contenido de los materiales educativos, resulta inevitable asociar este tipo de actos con eventos históricos en donde el fuego ha sido el medio para imponer visiones del mundo desde la antigüedad. Un ejemplo de esto lo encontramos en las múltiples dificultades que enfrentó la biblioteca de Alejandría para sobrevivir en un mundo en que la reinvención histórica significaba el nacimiento de imperios dominantes.

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Conflictos políticos y el cambio del paradigma de las creencias religiosas sucesivamente terminaron con un acervo que en su mejor momento llegó a disponer de más de setecientos mil textos pero que inevitablemente sucumbió a la destrucción de su contenido.

Imposible dejar de remitirse a la Alemania Nazi que en 1933 promovió la incineración pública de libros catalogados como “peligrosos”. Hay que recordar que el gobierno encabezado por Hitler utilizó una propaganda política muy eficiente para promover sus ideas y que consiguió minimizar opiniones contrarias a su proyecto político.

No solo los libros han sucumbido ante el fuego, en el año 1600 de nuestra era el sacerdote dominico Giordano Bruno fue quemado vivo en Roma como resultado de un juicio de la Santa Inquisición para impedir la difusión de sus “blasfemias” astronómicas, como plantear la rotación y traslación de la tierra.

Mientras esas escenas de la comunidad en Chiapas nos muestran la confrontación de argumentos irreductibles, debemos de pensar en la incapacidad de funcionarios públicos para construir un nuevo modelo educativo, los intereses de medios de comunicación que difunden información equivocada y tendenciosa y la falta de consensos entre especialistas y docentes respecto al rumbo educativo pertinente para la niñez mexicana.

Como colofón, la falta de transparencia en el proceso de elaboración de contenidos didácticos no ha ayudado mucho a dar a conocer las ventajas del cambio de paradigma propuesto por el gobierno mexicano. Mientras tanto, las llamas siguen ardiendo.

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