De la lengua materna y de los pueblos indígenas

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

El Estado de México cuenta con cinco grandes grupos indígenas originarios que tienen como lengua materna el mazahua, otomí, náhuatl, matlazinca y tlahuica, además de otros cinco grupos indígenas no originarios

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

De acuerdo al Diccionario de términos clave de la enseñanza del español como lengua extranjera, publicado por el Instituto Cervantes, se entiende por lengua materna a la primera lengua que aprende un ser humano en su infancia y que normalmente deviene como su instrumento natural de pensamiento y comunicación.

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La lengua materna también es conocida como lengua nativa y, en menor medida como lengua natal. Tal como su nombre lo indica, suele ser la lengua que utiliza la madre, aunque “también puede ser la de cualquier otra persona: padre, abuelos, niñera, etcétera”.

Lo anterior a propósito del próximo 21 de febrero, Día Internacional de la Lengua Materna, una fecha significativa con la cual se reconoce la diversidad lingüística y cultural de todos los pueblos del mundo. Recordemos que las lenguas son la expresión de la creatividad humana, instrumentos de comunicación y percepción. A través de las lenguas se construyen las cosmovisiones, nexos entre el pasado, el presente y el futuro. La lengua materna es única en la medida que marca al individuo desde su nacimiento, es mediante la lengua que se accede al entorno inmediato y se configura la pertenencia, la identidad.

México, una de las nueve naciones del mundo con mayor diversidad lingüística, además del español, cuenta con 68 agrupaciones integradas por 364 lenguas nacionales que son habladas por más de 7.3 millones de personas. En México, a través de Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas (LGDLPI) se reconocen y protegen “los derechos lingüísticos, individuales y colectivos de los pueblos y comunidades indígenas, así como la promoción del uso cotidiano y desarrollo de las lenguas indígenas, bajo un contexto de respeto a sus derechos. Además de reconocerlas como lenguas nacionales con la misma validez que el español.

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El Estado de México cuenta con cinco grandes grupos indígenas originarios que tienen como lengua materna el mazahua, otomí, náhuatl, matlazinca y tlahuica, además de otros cinco grupos indígenas no originarios que, derivado de la migración, se han avecindado en la entidad, a decir: mixtecos, mazatecos, zapotecos, totonacas y mixes. Resalta que el mixteco es la cuarta lengua indígena más hablada en el Estado de México y le sigue el mazateco.

De acuerdo al Censo de Población de 2020, en el Estado de México hay 417 mil 603 personas mayores de 3 años de edad que hablan alguna lengua indígena, lo que representa 2.6 por ciento del total de la población de la entidad. La lengua indígena que tiene el mayor número de hablantes en la entidad es la Mazahua, con un total de 132 mil 710 hablantes, lo que representa 31.8 por ciento; le sigue la lengua Otomí con 106 mil 534 hablantes y en tercer lugar el Náhuatl, con un total de 71 mil 338 parlantes.

El matlazinca y el tlahuica desgraciadamente tienden a desaparecer, estas lenguas se hablan cada vez menos ya que sus hablantes poco a poco dejan de utilizarla y las siguientes generaciones dejan de darle la importancia como medio de comunicación ya que no le encuentran una utilidad inmediata.

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Para el caso de la lengua Tlahuica se contabilizaron un total de 2 mil178 hablantes. Por su parte, la lengua Matlazinca es hablada únicamente por 1 mil 076 personas. Esto pone de manifiesto el riesgo latente de la perdida de lenguas originarias, por lo que es imperante proponer estrategias para su preservación. 

En este sentido, la ONU asegura que cada dos semanas desaparece una lengua y se lleva consigo todo un patrimonio cultural e intelectual. “Al menos 43 por ciento de las 6 mil lenguas que se calcula que se hablan en el mundo están en peligro de extinción. Solo unos centenares de lenguas tienen realmente cabida en los sistemas educativos y en el dominio público, y menos de un centenar se utilizan en el mundo digital”. 

De manera general, todavía no existe clara conciencia de la pérdida cultural que se genera con la extinción de una lengua. No se ha reparado que a los hablantes indígenas, glorificados en el discurso, exhibidos como orgullo nacional pero olvidados en la cotidianidad, ya no les interesa aprender y preservar su lengua nativa porque, al contrario de lo que pasa con las lenguas modernas (inglés, francés o español) que “son de utilidad”, las lenguas indígenas tienen un ámbito de uso cada vez más reducido. 

Históricamente, de manera particular en México, las lenguas originarias son víctimas del racismo y la discriminación, estos sentimientos y actitudes negativas que impiden el respeto y el reconocimiento a las condiciones de interculturalidad, se convierten en un obstáculo para la preservación, fortalecimiento y desarrollo de los pueblos y por consecuencia de las mismas lenguas indígenas.

Habrá que hacer conciencia de la existencia de cada una de las lenguas originarias, sobre todo la matlazinca y la tlahuica, que poco a poco van desapareciendo y con ello el rico tapiz de la diversidad cultural de México, del mundo. “También se pierden oportunidades, tradiciones, memoria, modalidades únicas de pensamiento y expresión”.

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