De lenguas en extinción y del entorno cultural de los otomíes

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

Históricamente, de manera particular en México, las lenguas originarias son víctimas del racismo y la discriminación, estos sentimientos y actitudes negativas que impiden el respeto y el reconocimiento a las condiciones de interculturalidad

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

En una entrega anterior hablábamos de la buena salud que goza el español en los albores del siglo XXI, del factor de identidad que se da con la lengua, con los más de 595 millones de personas que lo utilizan diariamente, ya sea porque son hablantes nativos, porque lo utilizan en familia, en un país donde no es la lengua oficial o simplemente, porque lo estudian como lengua extranjera. El español también tiene su prestigio y difusión por el mundo que, más allá de desaparecer, tiende a crecer de manera exponencial.

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Por el contrario, muchas de las lenguas originarias o autóctonas del mundo se encuentran en peligro de extinción. México no escapa a este fenómeno. Nuestro multicultural país, uno de los diez con mayor diversidad lingüística del planeta, cuenta con 68 agrupaciones lingüísticas integradas por 364 lenguas nacionales que son habladas, de acuerdo al INEGI, por más de 7.1 millones de personas.

Cinco de estas lenguas concentran el mayor número de hablantes, a decir: náhuatl, maya, tzeltal, tzotzil y mixteco, las cuales, derivado del proceso natural demográfico, tienden a crecer, mientras que el awakateko, paipái, kiliwa, kikapoo, kumiai, sayulteco, popoloca, chocholteco y chatino, son algunas de las 64 lenguas que se encuentran en peligro de extinción.

Una lengua tiende a desaparecer cuando sus hablantes dejan de utilizarla, cuando la hablan en un número cada vez más reducido y cuando dejan de transmitirla de una generación a la siguiente en favor de una lengua dominante, en nuestro caso del español. Es decir, cuando no hay nuevos hablantes, ni adultos ni niños.

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De acuerdo al lingüista australiano Christopher Mosley, jefe de redacción del Atlas interactivo UNESCO de las lenguas en peligro en el mundo, cada idioma es un universo estructurado mentalmente de forma única, “con asociaciones, metáforas, modos de pensar, vocabulario, gramática y sistema fonético exclusivos. Todos esos elementos funcionan conjuntamente en el marco de una estructura que, por ser extremadamente frágil, puede desaparecer para siempre con suma facilidad”.

Por su parte, el desaparecido filósofo, escritor y estudioso de la cultura náhuatl, Miguel León Portilla, decía que cada una de las lenguas tiene una riqueza cultural: su léxico, el vocabulario, es el inventario de su forma de vida, de su historia y tradiciones; cada sonido es inconfundible; cada estructura es una manera de ver realidades diferentes. Por ello, apunta, “cuando una lengua perece es una tragedia y la humanidad se empobrece”.

Todavía no existe clara conciencia de la pérdida cultural que se genera con la extinción de una lengua. No se ha reparado que a los hablantes indígenas, glorificados en el discurso, exhibidos como orgullo nacional, pero olvidados en la cotidianidad, ya no les interesa aprender y preservar su lengua nativa porque, al contrario de lo que pasa con las lenguas modernas (inglés, francés o español) que “son de utilidad”, las lenguas nacionales tienen un ámbito de uso cada vez más reducido.

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Históricamente, de manera particular en México, las lenguas originarias son víctimas del racismo y la discriminación, estos sentimientos y actitudes negativas que impiden el respeto y el reconocimiento a las condiciones de interculturalidad, se convierten en un obstáculo para la preservación, fortalecimiento y desarrollo de los pueblos y por consecuencia de las lenguas indígenas.

Sin embargo, existen investigadores, académicos, gestores, promotores e instituciones gubernamentales que buscan revalorar y fortalecer nuestras lenguas autóctonas. Cabe recordar que el Estado de México cuenta con cinco lenguas originarias: matlatzinca, mazahua, náhuatl, otomí y tlahuica, que no tienen una circunstancia diferente a las lenguas en peligro de desaparecer.

Bajo esta idea, recupero el libro El entorno cultural de los otomíes, de la investigadora, académica, gestora cultural y amante de su lengua materna, Margarita de la Vega Lázaro, publicado por el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE).

Este texto, que no pierde vigencia, la oriunda del municipio Temoaya, rescata las expresiones culturales del mismo municipio desde la perspectiva lingüística, con el propósito de revalorar al grupo étnico hñähñu, particularmente de las expresiones culturales de su tierra.

Para la elaboración de este material, de la Vega se hizo acompañar de los propios hablantes de la comunidad quienes compartieron sus conocimientos, vivencias y expresiones, todo ello aglutinado en la lengua como elemento identitario.

A lo largo de poco más de 180 páginas, de la Vega nos permite conocer la cosmovisión de esta comunidad, los elementos de la vida cotidiana, sus universos sociales y simbólicos, el conocimiento de sus actividades religiosas y de las propias familias.

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Con este texto también se conoce la relación que los otomíes tienen con la naturaleza, con las plantas medicinales y el uso de ellas, sin olvidar sus indumentarias que mucho tienen que ver con la misma naturaleza.

De igual forma, dentro del apartado de literatura, la investigadora registra adivinanzas, refranes, piropos, canciones tradicionales y populares, con los cuales logra preservar la memoria histórico-musical que es “muestra de alegría y emoción de nuestra identidad y cosmovisión como mexicanos y hñähñúes”.

Sin duda, la gran apuesta de la autora es adentrarnos al mundo otomí a través de la lengua, para ello, presenta un antecedente histórico y, más aún, ofrece algunas consideraciones sobre la gramática, la fonología y la escritura, sin olvidar algunas frases comunes y de uso cotidiano.

Esta aportación a los saberes de las lenguas originarias como el otomí es una oportunidad para conocer sobre estas comunidades y su forma de vida, pero sobre todo, es un documento que se pone a disposición de las generaciones presentes y futuras para que este universo no se pierda.

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