Miles de niñas y jóvenes, incluso mujeres adultas, suman a sus propósitos de Año Nuevo el de verse como las demás. Se miden a través de comentarios positivos en favor de quienes lucen los cuerpos esbeltos, la piel perfecta
Conforme escoge con qué será el último atracón del año, tiene en la mente un pensamiento fijo:
–Ahora sí, el próximo año hago dieta y duro en el gym.
Escogió la palabra “duro” porque se ha inscrito decenas de veces en el gimnasio, pero apenas llega a marzo, aunque se haya obligado a pagar en más de una ocasión el año completo para asegurarse que iría. No lo logró.
Las papas a la francesa que devora mientras espera la hamburguesa las saborea como si ahora sí fueran las últimas, cada grano de sal, cada gota de catsup que quedó en su dedo índice y también una que otra en el pulgar.
Mientras hace scroll en las redes sociales, ve los cuerpos de influencers y tiktokers. Quiere verse así. Desea ser ellas, dedicadas a cada gramo de su imagen, ellas que parecen perfectas en cada fotograma; ellas que, en su mayoría, son parte del estereotipo de cuerpo y personalidad.
Y justamente así, miles de niñas y jóvenes, incluso mujeres adultas, suman a sus propósitos de Año Nuevo el de verse como las demás. Se miden a través de comentarios positivos en favor de quienes lucen los cuerpos esbeltos, la piel perfecta. Los filtros de las redes sociales les ayudan con la ilusión de perfección que rara vez se alcanza sin maquillaje o inteligencia artificial.
La lucha por la imagen correcta, como bien lo describe America Ferrera en su papel de Gloria en la película de Barbie, es agotadora:
“Tenemos que ser delgadas, pero no demasiado. No puedes decir que quieres ser delgada, sino que debes decir que quieres un peso sano, pero sí tienes que estar delgada. Tienes que tener dinero, pero no puedes pedir dinero, porque eso sería grosero. Debes ser jefa, pero no puedes ser dura. Debes liderar pero no puedes aplastar las ideas ajenas”, dice Gloria.
“Tienes que amar ser madre, pero no hables de tus hijos todo el tiempo. Tienes que ser una profesional, pero al mismo tiempo, siempre cuidar a todos los demás. Tienes que ser responsable de la mala conducta de los hombres, lo que es de locos, pero si haces notar eso, se te acusa de ser una quejumbrosa” y el mensaje continúa.
Justamente lo retomo porque con tantas olas del feminismo, los estereotipos de cómo debe ser y verse una mujer, siguen vigentes.
Quizá ya no nos vendan manuales para ser buenas esposas, pero sí tutoriales para ser perfectas, para aparentarlo.
Entonces los deseos de Año Nuevo se convierten en el reflejo de lo que anhelan millones de mujeres: ser socialmente estéticas, esbeltas, lucir fabulosas en tres sencillos pasos que con el trajín diario de una madre, una trabajadora, de una mujer que lidia con las ganas de morir en el intento de cumplir todos sus roles al mismo tiempo, son imposibles.
Escribo para que recordemos que cada decisión que tiene que ver con nuestros cuerpos e imagen, debe ser basada en el amor propio, en la aceptación del ser y estar, en que una dieta tal o cual no es sinónimo a felicidad, además de que los altos estándares de belleza impuestos por una sociedad consumista no deben —por ningún motivo— quebrar el autoestima de nadie.





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