El tiempo es padre de la verdad, y a relucir lo sacará.
Refrán popular.
Nos quedan unas cuantas horas para que el Estado de México viva un ejercicio inédito en su historia social y política al poder decidir que una mujer, sea quien sea, encabece la próxima administración estatal. Delfina o Alejandra, o Alejandra o Delfina, son las contrincantes y sobre quienes los 12.6 millones de ciudadanos, aproximadamente, decidirán la gubernatura.
Por primera vez desde 1929 el PRI podría dejar atrás su hegemonía para que un partido distinto, llegue a gobernar a la entidad más poblada del país. El territorio mexiquense junto con la Ciudad de México representa el máximo trofeo para cualquier partido político por la numeralia que ostentan.
Desde siempre se ha manifestado que estas elecciones se convierten en el laboratorio político del país ante lo que está por venir (elecciones presidenciales), y tal pareciera que por como lo han proyectado desde la Federación, ello no está muy alejado de la realidad. Para el presidente López Obrador este “ejercicio democrático”, no admite contratiempos y así lo ha ordenado e incluso lo ha practicado con sus declaraciones en las mañaneras, azuzando a sus seguidores a poner toda la carne en el asador, pues perder significaría un retroceso importante en su camino.
Por su parte, Alfredo del Mazo poco ha hecho por apoyar a su candidata, salvo en su imposición como abanderada del tricolor estatal, cumpliendo así el supuesto pacto acordado con el presidente de la república, de que ninguno de los dos se entrometería en dicho proceso. De una forma u otra, el gobernador mexiquense está en un callejón donde pareciera no podrá salir de lo mejor librado de este proceso, sea cual sea el resultado final.
La historia pues está por escribirse, ambas candidatas se dicen estar muy por encima de su contrincante en cuanto a número de votos por sufragar. Los partidarios de Delfina se ven ganadores incluso desde antes de iniciar la contienda, los de la alianza PRI, PAN y PRD afirman que ya la alcanzaron y que ya la rebasaron en la predilección ciudadana. Un dato curioso es que ninguna casa encuestadora, de las llamadas grandes, dio a conocer las preferencias populares, abonando con ello a la especulación.
En estos momentos nada parece apuntar hacia una victoria fácil para ninguna, la contienda se ha cerrado y lo definitorio aún resulta incierto, cualquier pronunciamiento por adelantado en cualquier sentido, solo representa preferencias personales o de interés para buscar sacar algún provecho.
Una cosa es cierta, una derrota para el PRI en el Estado de México traería graves consecuencias para su futuro, no solo internamente sino en el contexto nacional. También, para la alianza Va por México, estas elecciones revisten un significado especial en sus aspiraciones para 2024, no resulta gratuito y tampoco en balde que el PAN se haya comprometido y apoyado con todo, desde la asistencia de sus grandes figuras en los últimos mítines de Alejandra, hasta que frente a los simpatizantes a estas concentraciones, el dirigente nacional blanquiazul, Marko Cortés, prometiera 800 mil votos para la jornada dominical.
Del otro lado, la corcholata máxima del obradorismo, Claudia Sheimbaum respaldada por el vocero presidencial Jesús Ramírez, han venido orquestando toda la campaña morenista, disponiendo de la chequera abierta para lo que hiciera falta y afirmando reiteradamente que su triunfo es seguro. Las cartas están exhibidas, cada cual ha mostrado sus fortalezas y carencias, toca el turno a los que a final de cuentas habrán de aplaudir o cargar con las decisiones de la mayoría, la decisión final. Todo está en juego, nada para nadie, aún, pareciera cantar el destino.



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