Pedagogía del desastre

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José Javier Niño Martínez - Horizonte social

El embate de Otis en el puerto de Acapulco y el desastre resultante están poniendo a prueba las capacidades no solo del Estado mexicano, sino también de la sociedad civil

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Mucho se ha escrito sobre los hechos acontecidos a partir de los terremotos de septiembre de 1985 y de 2017 en nuestro país, análisis desde el desarrollo urbano y los asentamientos humanos hasta los cambios en las normas de construcción en las diferentes regiones de la geografía nacional. También se han realizado importantes estudios sobre las pérdidas económicas y el retraso en el desarrollo de las comunidades como efecto de la destrucción.

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Desde luego que se han recabado testimonios dolorosos de las pérdidas de vidas humanas y los efectos emocionales en familiares y amigos. Los efectos de los desastres cambian el desarrollo histórico de sociedades enteras. Particularmente el terremoto de 1985 puso en evidencia la incapacidad gubernamental para atender las necesidades básicas de la población, el desastre desmoronó las frágiles capacidades estatales que ni siquiera fueron suficientes para coordinar inicialmente las labores de búsqueda y rescate de personas desaparecidas o atrapadas entre los escombros de la zona céntrica de la capital del país.

Cuando las autoridades arribaron a muchas zonas de desastre ya había grupos de voluntarios civiles que se encontraban retirando escombros y alimentando a sobrevivientes y rescatistas con sus propios medios. Efectivamente el vacío de poder estatal fue ocupado por una incipiente organización civil que eventualmente reforzó a distintos movimientos urbano-populares en el área metropolitana de la capital del país.

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El embate de Otis en el puerto de Acapulco está poniendo a prueba las capacidades no solo del Estado mexicano, sino también de la sociedad civil. Las críticas a la disponibilidad de recursos para la reconstrucción se suman a la aparente negligencia de los gobiernos estatal y federal para establecer una alerta efectiva a la población sobre la magnitud y peligrosidad del meteoro.

Si bien parece que los servicios públicos se van restableciendo poco en la ciudad, hay que reconocer que hay mucho por hacer para reactivar el modo de vida de la población del centro turístico. En este punto hay que hablar de los gestos solidarios de amplios sectores de la población a través de donaciones y distintas formas de apoyo hacia las personas afectadas, lo cual también ha significado una ayuda invaluable hacia la recuperación.

Los desastres naturales permiten visualizar la magnitud y efectos de exclusiones y desigualdades previamente existentes y al igual que en el caso de los terremotos mencionados al inicio, hacen visibles las incapacidades de las instituciones gubernamentales. La sociedad civil organizada puede convertirse en un eslabón eficiente para la recuperación si se apoya en el trabajo coordinado más allá de las diferencias políticas. Esperemos que la acción de grupos sociales organizados permita en el menor plazo posible una recuperación de la región que está sufriendo esta delicada situación.

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