Piquetes de sabiduría del aguijón del Profesor Mosquito

Publicado el

Rodrigo Sánchez

Este 25 de mayo se cumplen 27 años del fallecimiento de Alfonso Sánchez García «El Profesor Mosquito»; su legado a través de reflexiones, anécdotas y logros se recopila en El Plumaje del Mosco

Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce

Este 25 de mayo Alfonso Sánchez García, mi padre, cumple 27 años de fallecido (murió la noche del 25 de mayo de 1997). Para recordarlo, extracto algunos piquetes de sabiduría, los cuales son sólo una probadita de lo más profundo de su aguijón:

Anuncio

· Alumbramiento (15 de enero de 1927):

Nací en 1927, en Calimaya y en un rincón. Por los menos eso se desprende del hecho confesado por mi padre de que a las cuatro de la madrugada fue por la rinconera que habría de llevar adelante el vulgar trámite de jalarme al mundo. La primera luz que vi fue la de algunas velas de sebo y no he vuelto a ver, sin anteojos, mucho más que ésa.

· De Calimaya a Toluca (1930):

Me trasladé ―más bien me trasladaron― de Calimaya a Toluca siendo muy pequeño. Mi padre emigró después de una triste experiencia como presidente municipal de Calimaya; dejó a los cochinos políticos y se dedicó exclusivamente a los cochinos que, aunque también escandalosos, son de una gran fidelidad chicharronera.

· El internado de la Normal:

En 1940 caí en el internado normalista, becado por la caridad oficial y luego de la comprobación plena de que era un niño expósito, de buen comportamiento, de altas calificaciones y de haber alcanzado un buen índice de sesera en las pruebas sicopedagógicas, que ya en ese tiempo se habían popularizado… Sin necesidad de toques de corneta nos levantábamos a las seis de la mañana para arreglar los lechos (unos incómodos camastros con colchón corriente, de borra) y realizar un dudoso aseo personal, ya que por lo común el agua era un artículo de lujo…

Anuncio

Síguenos en Twitter

· Los primeros piquetes del aguijón:

Allá por 1942 pasé a formar parte del grupo de los locos, de aquellos desequilibrados maniáticos que tenían la fea costumbre de escribir prosas y perpetrar versos, “prosas leprosas y versos perversos” como les decía Rodolfo García. Formábamos el grupo el referido Rodolfo, Moisés Ocádiz, Alejandro Fajardo y Fajardo, José Luis Osorno (muerto prematuramente), todos plumíferos, más Esteban Nava Rodríguez, pintor.

· Sobrenombres:

Cuando ingresé a la escuela primaria, el profesor Fernando Macedo dijo, delante de una bola de rufianes: “Caray, pero si estás re´chilpayate” y todos empezaron a decirme el Chilpa. Cuando ingresé a la secundaria, anexa a la Normal, me pusieron el Chato precisamente por lo contrario, y cuando llegué a México para ingresar al periodismo, los muchachos de los talleres de imprenta, a los que semanariamente obsequiaba botellas de licor toluco, me pusieron el Profesor Mosquito. Total que, desde pequeño, jamás volví a recuperar mi nombre…

· No se le dio lo de ser Profesor:

En 1945 me titulé de maestro, pero nunca trabajé en las escuelas primarias, para ventura de algunas docenas de inocentes. Quizás se debió esta fuga a que durante las prácticas que hacíamos al transcurrir la carrera, me percaté de que los niños son demasiados cariñosos: ellos con su insistencia de darnos a probar su torta llena de mugre, y ellas decididas a tapizarnos de mocos las mejillas con su eterno besuqueo.

· Más que otra cosa, siempre se consideró periodista:

Me decidí, pues, por el periodismo, que ha sido mi verdadera carrera de toda la vida. Empecé escribiendo en las revistas para boleros y gatas que hacía mi primo Roberto G. Serna, y algún tiempo me la pasé pepenando chismes sentimentales de las estrellas de cine y en el casi alcahuetaje de conseguirles a los lectores las fotos autografiadas de María Félix y Jorge Negrete, con letra sospechosamente parecida a la mía.

En este resbaloso terreno del periodismo, ingresé posteriormente a El Noticiero de mi paisano Carlos Garduño, donde fundé Espulgues, indudablemente la más antigua de las que se publican en Toluca, según les consta al propio Carlos, a Inocente Peñaloza ―director de ese vespertino―, a mi tío Abate Moscoso y al Maistro Pifas… También he sido colaborador de El Rumbo y El Diario, de Anuar Maccise, desde que se fundaron; de la revista Pulso de Víctor Manuel Gutiérrez, en sus veintitantos años de existencia, y de la también ya entrada en años Tribuna de su tocayo Valdés.

· En la Dirección de Prensa y Relaciones Públicas (anécdota imperdible):

Cuando Carlos Hank designó director de Prensa y Relaciones Públicas a Riva Palacio, la noticia corrió como reguero de pólvora encendida. De modo que la primera mañana que se presentó en el despacho, ya lo estaban esperando… varias docenas de individuos que le tributaron una gran ovación. Abrazos, palmaditas en el hombro, apapachos, hasta que por fin pudo entrar a su oficina:

―Oye ―me preguntó intrigado―, ¿y ésos quiénes son?

―Los directores de periódicos.

―No friegues… ¡si no reconocí a ninguno!

Entonces hubo que aclararle:

―Es que tú, en tus muchos años de publicista, te has ligado con los patrones de los grandes rotativos y por lo tanto eres cuate de don Rómulo, de Scherer García, de Alarcón… Pero estos son los directores de las mil y un revistillas y peridioquitos de cuatro planas que infestan el ambiente.

Entonces lanzó una pregunta que lo habría de atormentar como un suplicio dantesco el resto de su vida:

―¿Y qué hago con ellos?

―Se supone que tu obligación es atenderlos. Y te vas a encontrar con la terrible sorpresa de que son más voraces, más impositivos, más altaneros y más insolentes que si se tratara de los directores del Le Monde francés, el Times londinense o el Excélsior mexicano.

Anuncio

No lo creyó de pronto, porque ese día sólo le llevaban su saludo y sus felicitaciones. Pero cuando comenzaron a presentarle sus facturitas de muchos de miles de pesos y se enteró de que el presupuesto para cubrirlas era menguado, además de que su primera obligación era defender un dinero que más bien estaba para levantar escuelas y hospitales, entonces comenzaron sus tribulaciones.

Al poco tiempo ya no los aguantaba. Como era tan jovial, tan sencillo, tan amable y buen hombre, algunos creyeron que Rafael tenía aptitudes para la silla… de montar. Pronto se convencieron de que no, y con uno de ellos tuvo que llegar hasta las manos, naturalmente que después de las mentadas…

· Antes de recibir nombramiento de Cronista de Toluca (11 de septiembre de 1981):

He publicado hasta la fecha más de doscientos cincuenta crónicas, de esas que según Mario Colín hacemos los tolucos fusilándonos los unos a los otros… En 1977 ingresé a ese equipo de cracks que fue el Consejo Cultural de Toluca, y que por estar formado de puras estrellas, prácticamente no metió goles…

Anuncios

· Filosofía de Mosco:

En lo que a mí se refiere, anduve en tierra firme, a veces incluso sobre el asfalto nuevo, pero también me metí en las charcas de la vida y en las sórdidas piscinas de la sociedad, de donde es posible que salga uno limpio, sí, pero bastante contaminado. Vi todas las cosas que ven, impávidos, miles de hombres todos los días. Y anduve en ellas con la gregaria despreocupación del prójimo…

No es éste el peor de los mundos que se nos han dado. Quizás apesta un poco, pero hay luz eléctrica; tal vez la miseria te embista en todas partes, pero hay televisión; quizás todavía existan los tristes, hambrientos, los estúpidos, los desesperados, todos con manchas, todos con lodo, pero viviendo aquí, en este ámbito de cine y de cerveza.

Estos fragmentos son extraídos de El Plumaje del Mosco (páginas autobiográficas), libro compilado por sus hijos Alfonso (selección y adaptación de textos) y Miguel Ángel Sánchez Arteche (investigación documental) y Rodolfo Sánchez Arce (cronología y bibliografía). Fue el trabajo premiado con el primer lugar, en el primer Concurso de Biografías de Personajes Ilustres del Estado de México, convocado en 1999 por la Uaeméx. La primera edición es de la propia Universidad y data del año 2001. La segunda edición se publicó bajo el sello Fondo Editorial Estado de México en 2015.

Deja un comentario

Descubre más desde Yo Soy Noticias.MX

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo