A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado certeza en los acontecimientos a través de creencias religiosas y conocimiento científico, con el objetivo común de predecir y controlar el futuro
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
Una de las principales obsesiones de la humanidad a lo largo de la historia es obtener la certeza de los acontecimientos para cumplir el objetivo de establecer con claridad la secuencia de los hechos del pasado, el presente y el futuro.
Con este fin, las civilizaciones antiguas desarrollaron un sistema de creencias que encontró en la fe religiosa el marco ideal para explicar primero los fenómenos naturales a través de divinidades específicas (el dios de la lluvia, la diosa de la fertilidad, divinidad solar, etc.) y en segundo lugar lo relativo a las emociones, las características y las acciones humanas (los dioses de la guerra o la sabiduría son buenos ejemplos).
No conformes con eso, los seres humanos de la antigüedad también buscaron controlar a esas divinidades por medio de la invocación y el sacrificio ritual.
Eventualmente el desarrollo de las religiones modernas permitió complementar los rituales con acciones humanas, aunque prevaleció el objetivo de controlar las eventualidades del futuro con el cumplimiento de normas institucionalizadas a través de los dogmas religiosos.
Por otro lado, el paso del tiempo permitió que el conocimiento científico desarrollara mecanismos explicativos capaces de entender a los fenómenos físicos pero también favoreció un entorno comprensivo de las relaciones humanas en ámbitos como el económico o el político.
A partir de entonces las disciplinas científicas han permeado todos los ámbitos de la experiencia humana y al mismo tiempo se han diversificado en subdisciplinas cada vez más específicas y complejas.
El desarrollo de metodologías científicas suele orientarse a la explicación de fenómenos físicos y sociales con el objetivo de establecer un cierto nivel predecible de acontecimientos, para ello se busca que la explicación sea fiable y rigurosa.
Tanto el conocimiento científico como las creencias religiosas han coexistido a lo largo de la historia mas o menos reciente de la humanidad, fijando líneas de distinción a veces muy bien delimitadas.
Sin embargo a veces puede confundirse el ámbito en el que se desenvuelven ambas formas de conocimiento sobre todo porque comparten esta búsqueda de predicción de los acontecimientos, incluso ciertas expresiones científicas resultan sumamente dogmáticas hasta traducir sus premisas en actos de fe.
Siguiendo al filósofo de la ciencia Mario Bunge, no hay que olvidar que la ciencia encuentra sentido en la explicación racional de los acontecimientos y el análisis de distintos mecanismos para explicar los fenómenos, por lo tanto el conocimiento científico es claro y preciso, lo que facilita su comunicación y por consiguiente es verificable.
De igual manera la ciencia utiliza un método sistemático que le permite ser abierta y útil a la comunidad científica y a la sociedad en general.
Con estas características, la ciencia es un camino que pretende llegar a la verdad explicativa de distintos fenómenos y hasta cierto punto predecir la secuencia de acontecimientos pero sin la intervención de entidades metafísicas, de ahí su importancia y valor en el mundo moderno.





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