Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.
«Tener miedo es de prudentes, saberlo vencer es de valientes»
El crimen artero perpetrado contra Ximena y Pepe, jóvenes funcionarios muy cercanos a Clara Brugada, jefa de Gobierno de la CDMX, ha cimbrado la percepción nacional respecto a la inseguridad que vivimos, la cual se presenta lo mismo en una ranchería que en la ciudad más videovigilada del país.
Digan lo que digan, presenten las estadísticas que quieran, la verdad es una y no cambia: el crimen organizado ha tomado el control de los acontecimientos en el país, y si alguien lo duda, necesita un “recordatorio” como el presente: siete segundos y catorce balazos cambian la percepción de cualquiera.
Si bien las investigaciones apenas inician, todo apunta a que esta ejecución llevaba dedicatoria, y las víctimas solo fueron la excusa necesaria: daños colaterales elegidos para hacer sentir su poder. A diferencia del atentado contra García Harfuch hace cinco años, aquí no se trataba de una venganza personal; fue un aviso de hasta dónde son capaces de llegar si consideran que las circunstancias lo ameritan.
Por supuesto, ciertos sectores partidistas —contrario a lo que la propia presidenta Sheinbaum ha expresado respecto a evitar politizar el caso— han publicado que “este ataque es una muestra de que el crimen organizado en la capital está desesperado por el buen gobierno ejercido” y que ahora están dispuestos a “matar o morir”.
La estupidez no conoce límites, y la lambisconería, menos. Este plan fue ejecutado con toda precisión y por especialistas. No dejaron nada al azar y, por tal razón, las autoridades siguen sin encontrar ningún indicio claro para seguir. Reportes periodísticos resaltan cómo el asesino llegó a pie y esperó pacientemente 20 minutos para cumplir su cometido.
Al huir, primero a pie, después en moto y posteriormente en vehículos —un Kicks y luego una Urban, ambos remarcados— complicó aún más su identificación. Estos fueron desechados conforme huían, lo que permite calcular que entre tres y cuatro personas habrían estado involucradas materialmente en el hecho, aunque no hay pruebas contundentes al respecto.
La precisión del ejecutor y su frialdad llevan a pensar en un profesional del crimen que difícilmente podría haber sido reclutado por alguna de las muchas bandas pequeñas que operan en la CDMX. Esto provino, seguramente, de alguno de los 14 grupos criminales relevantes que ha enlistado la Secretaría de Seguridad Ciudadana capitalina, y sobre ellos se enfilarán las baterías para dar con el culpable.
Como quiera que resulten las indagaciones, una cosa es cierta: con sus métodos, estos grupos han logrado tocar las fibras más sensibles de la sociedad, que razonablemente se pregunta: ¿si esto hacen con personas allegadas al poder, qué seguridad tenemos el resto de la ciudadanía?
Lamentablemente, las ejecuciones se han vuelto una constante en nuestro país. En Jalisco acabamos de atestiguar el asesinato de la tiktoker Valeria Márquez y, días después, el de tres analistas en materia de seguridad de ASÍS Internacional. A estas cifras habría que sumar las ya escandalosas que se registran en Sinaloa, Guanajuato y Tamaulipas, por citar algunos estados.
La violencia está incontrolable y, contrario a lo que siempre habían presumido, la capital del país ni está ni estará nunca exenta de ello. Por lo pronto, la animadversión entre la presidenta y la jefa de Gobierno de la CDMX se ha puesto en pausa tras los sucesos; un pasaje doloroso que debiera llevarnos a reflexionar sobre qué hacer con este cáncer heredado que ya ha hecho metástasis en todo el país.
Mientras tanto, el vecino del norte se frota las manos. A través de su secretario de Estado, Marco Rubio —sí, aquel a quien se le liga con la famosa “Marco List”, que ni se termina de aceptar pero tampoco se rechaza—, declaró que México está gobernado en algunas partes por los cárteles, que “la violencia política ahí es real”, que ellos pretenden ayudar con equipo e información para perseguir a estos delincuentes, y que el gobierno mexicano está cooperando más que nunca en la captura y extradición de los criminales más buscados por su país. Por ello, en las próximas semanas viajará a México para estrechar la cooperación entre ambas naciones. ¿Qué se tratará realmente en esa reunión? Los operativos, más que los comunicados conjuntos, nos lo dirán.





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