A las puertas del infierno

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Cultura Angélica Vargas - Zoo politicou

Causa una gran nostalgia ver esos caminos de flores amarillas y de fe en lugares que pugnan por mantener sus tradiciones y creencias en la lucha del cielo contra el infierno

Angélica Vargas

Del pericón (Tagetes lucida) se dice que es una planta con grandes beneficios en ambos, el ámbito culinario y medicinal. Es un potente expectorante, alivia dolores de estómago, diarrea y calma la dismenorrea además de ser antiséptico e insecticida natural, todo lo cual es incluso reconocido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

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De esta planta pequeña, sencilla y amarilla-anaranjada, se dice que deja los elotes con un delicioso sabor anisado cuando son hervidos juntos, además de que las flores y las hojitas permiten que los granos del elote adquieran un hermoso tono dorado y sean más fáciles de digerir.

Pues todo lo anterior es poco si tomamos en cuenta que una hermosa tradición septembrina la encumbra por encima de su origen campero y señala que además de lo ya mencionado sirve también como escudo y protección contra Lucifer.

“El diablo anda suelto” exclamaban con preocupación los habitantes de la región de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, donde el culto a Miguel, príncipe, arcángel, comandante de las huestes de Dios —como es llamado— tiene un culto muy extenso y arraigado.

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Desde el 24 de agosto, día de San Bartolomé (o San Bartolo), Satanás se libera de la cadena que se le impuso al ser arrojado del paraíso, ciertas tradiciones católicas mencionan una leyenda bastante extraña sobre el porqué ese día sucede tal cosa terrible, la cual refiere una especie de competencia entre Bartolomé (también conocido como Natanael, apóstol que reemplazó a Judas Iscariote y que fue martirizado en India, al ser desollado en vida se le considera ahora patrón de los curtidores y talabarteros) y el demonio, la cuál por su puesto el santo ganaría a base de fe.

Como fuera, desde el 24 de agosto se pensaba que sobreviene un mes de terribles catástrofes naturales, terremotos, ciclones y huracanes, pero el 29 de septiembre sale corriendo ante la presencia de Miguel Arcángel.

Y es aquí que esta pequeña florecilla del monte interviene para salvar el día.

La cultura popular le atribuye poderes extraordinarios pues, para evitar que el demonio en su carrera se oculte en alguna casa y atraiga con él todos sus males se coloca un sencillo ramo de pericón en forma de cruz.

Cruz de pericón
Cruz de pericón

Esta pequeña cruz será suficiente para ahuyentar al “maligno”, al “enemigo” que apurado busca dónde ocultarse.

Quién diría que algo tan sencillo e inocente bastaría para tal encomienda.

Junto a esta tradición que parece irse perdiendo, está la procesión que se efectúa cada año en el día de San Miguel en las comunidades con presencia de población otomí en Toluca.

La zona norte de la capital mexiquense se llena de caminos de pétalos amarillos para acompañar a la imagen del arcángel hasta el panteón.

La carrera de Satán termina al ser apresado por Miguel y arrojado de nuevo al averno de dónde podrá salir hasta el próximo año.

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Por eso, la intención de llevarlo en andas hasta el cementerio es pedir que en su poder, permanezca a las puertas del infierno para evitar de ese modo que en la venidera festividad del Día de los Muertos, algún mal espíritu se quiera colar para atormentar por igual a los vivos y a los muertos.

Causa una gran nostalgia ver esos caminos de flores amarillas y de fe en lugares que pugnan por mantener sus tradiciones.

El pericón es la primera de las flores amarillas de la temporada otoñal, junto con el cempasúchil se convierten en la guía y el camino que las almas de los muertos seguirán para regresar a ese lugar en que aún se les recuerda y se les espera con cariño y ansia.

Ese lugar que todavía llaman hogar.

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