Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.
“El karma es como las tarjetas de crédito: disfrutas ahora, pero pagas después… y con intereses”
Pese a la prudencia —así la llaman ellos— que ha desplegado la presidenta Sheinbaum ante los caprichos trumpistas, no pudo evitar que, por la única ocasión en que se opuso a que tropas estadounidenses ingresaran a nuestro territorio para combatir al narco, el mandatario norteamericano —si no ordenó, al menos permitió— que el conflicto, que se viene agudizando desde hace cuatro meses (cuando asumió el cargo), escalara de manera importante.
Del operativo quirúrgico —aunque al margen de la ley— que implementaron para capturar al Mayo Zambada en julio de 2024, a los rondines con buques de guerra y drones que sobrevuelan nuestro territorio de manera abierta este año, ahora hemos pasado a los aranceles impositivos, al cierre de la importación de ganado mexicano en nuestra frontera norte y, lo último, al retiro de visas a políticos, como medidas de presión ante la escasa respuesta gubernamental —según ellos— en el combate al crimen organizado.
Donald Trump ha llamado “mujer encantadora” a la presidenta Sheinbaum, pero también la ha calificado de indecisa y temerosa respecto a cómo enfrentar al crimen organizado. Ahora, al oponerse a esa “ayuda”, las consecuencias implican —obviamente— “otra vuelta de tuerca”, que busca terminar de someter a su homóloga “amiga”. Como quiera que se vean las cosas, las relaciones entre ambas naciones están en uno de sus peores momentos.
La ya famosa “Marco List” (elaborada, se dice, por el Departamento de Estado) contra funcionarios mexicanos acusados de estar implicados con el crimen organizado, les otorga el “derecho” de blandir la espada de Damocles sobre 44 políticos, militares y funcionarios en activo, más aquellos que se agreguen por las investigaciones subsecuentes.
Por ello, no es raro que el nerviosismo dicte ahora las conductas de muchos políticos integrantes de la Cuarta Transformación, pidiendo explicaciones a una administración extranjera a la que poco le importa responder, sabedora de que tiene la sartén por el mango y puede llegar hasta donde sus propios intereses y agenda le exijan. La misma presidenta mexicana ha mencionado varias veces en su “mañanera” que Estados Unidos está obligado a responder a esa demanda, obteniendo como única contestación, por parte de la embajada norteamericana en nuestro país, que esos son asuntos internos y que sus registros son confidenciales.
Pese a que la actual administración mexicana ha realizado varios operativos exitosos contra el narco, el que sigan mostrando los mismos principios que su antecesor, y que a diversos de sus políticos se les relacione con intereses oscuros, provoca que la desconfianza eche raíces en Washington.
De ahí que cualquier operativo que emprendan nunca sea compartido con sus homólogos aztecas, como en el caso de la reciente entrega, en la frontera de San Ysidro, de 17 familiares de Ovidio y Joaquín Guzmán —entre ellos su madre, Griselda López—, concretándose así el primer paso del acuerdo en el que, el 6 de junio, Ovidio cambiará su declaración a culpable, y el 9 de julio testificará —como testigo protegido— ante la Corte del Distrito Norte de Illinois todo lo que sabe respecto a la forma de operar del Cártel de Sinaloa y las autoridades implicadas. Y seguramente es mucho.
Esta comparecencia, sin duda, enrarecerá aún más nuestra relación con el gobierno norteamericano. Muchos de quienes se sentían intocables cambiarán de postura, sobre todo después de atestiguar cómo Estados Unidos ya estrenó el delito de narco-terrorismo contra el grupo de los Beltrán Leyva y promete ir con todo contra ellos… y otros más.
Por cierto, la designación del nuevo embajador norteamericano en nuestro país no resulta una buena noticia para el gobierno mexicano, toda vez que Ron Johnson tiene una formación castrense y su currículum señala que fue uno de los 55 asesores militares que dirigieron operaciones de combate en El Salvador. Tras su carrera militar, trabajó para la CIA y participó en misiones operativas y de combate en todo el mundo, para después incorporarse al cuerpo diplomático estadounidense.
El nuevo embajador ha sido descrito por la Casa Blanca como un trabajador efectivo en múltiples temas regionales: refugiados, lucha contra el narco y el terrorismo, entre otros. Como anillo al dedo, pensará Trump, para sus nuevos planes con su vecino del sur.





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