Durante la pandemia, la educación en México ha enfrentado desafíos con la modalidad a distancia, exacerbando desigualdades. Es crucial recuperar y aumentar la cobertura educativa
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
Durante las dos recientes semanas he escrito sobre los retos y las condiciones en que se realiza el trabajo docente en nuestro país. He procurado resaltar el valor intrínseco de la enseñanza y la satisfacción que implica la relación profesorado-alumnado. De igual manera he procurado exponer información oficial sobre las condiciones materiales de la enseñanza, con el fin de plantear el escenario general del proceso de enseñanza-aprendizaje y sus respectivas áreas de oportunidad.
En esta tercera entrega hablaré sobre las consecuencias que ha generado la emergencia sanitaria causada por la pandemia Covid-19 en el sistema educativo mexicano, la cual afectó el último tercio del ciclo escolar 2019-2020, todo el 2020-2021 y el inicio del 2021-2022.
En este periodo millones de estudiantes de todos los niveles tuvieron que tomar clases en la modalidad a distancia, lo cual acentuó las diferencias entre el alumnado com resultado de factores económicos, étnicos e incluso culturales. Las diferencias en el acceso a recursos tecnológicos, la falta de apoyo específico y sobre todo la imposibilidad de generar espacios colectivos de aprendizaje se tradujo en incrementos de las desigualdades en el aprovechamiento estudiantil que no ha sido resarcidos por medio de estrategias de igualación.
En lo que se refiere al papel del personal docente hay que señalar que a pesar del compromiso mayoritario, no existieron de forma generalizada las condiciones idóneas de capacitación ni de infraestructura para alcanzar metas completamente satisfactorias para alcanzar los objetivos de los planes de estudio. En consecuencia, al retomarse la modalidad presencial quedaron al descubierto condiciones que ameritan una reflexión social profunda sobre la implementación de acciones estratégicas para atender al abandono escolar.
El no retorno presencial de alumnos y alumnas a los planteles de todos los niveles educativos, ya sea por medio de bajas temporales o definitivas, ha afectado de forma irremediable sus trayectorias educativas. Según Indicadores Nacionales de la Mejora Continua de la Educación en México publicados en 2022 (https://www.mejoredu.gob.mx/images/publicaciones/principales-hallazgos-22.pdf), en los tres ciclos escolares afectados por la pandemia (2019-2020 al 2021-2022), “la disminución en el número de estudiantes inscritos fue de 1 364 591 estudiantes de educación preescolar a media superior, lo que en términos porcentuales significó una pérdida de 4.5%. por otro lado, en el nivel medio superior en el mismo periodo se reporta una disminución de 5.5% en la matrícula, lo que equivale a 283 582 jóvenes”. Los datos son elocuentes respecto al impacto en la cobertura educativa.
Considerando el crecimiento demográfico de estos grupos de edad resulta indispensable no solo recuperar los niveles previos de cobertura, sino incrementarlos para garantizar este derecho constitucional.
En lo que se refiere a la educación media superior y superior la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (MEJOREDU) recomienda incrementar las oportunidades educativas carcanas a la comunidad, promover la flexibilización curricular y la vinculación de los centros escolares con la vida cotidiana del alumnado, así como con los saberes locales y sus prácticas culturales.
Habrá que ver si las autoridades educativas tienen respuestas a semejantes retos post-pandemia.





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