Las nuevas generaciones apenas conocen este antecedente de los cuentitos que evolucionó a lo que hoy se llama novela gráfica
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Hace algunas semanas hablábamos que una buena parte de la Generación “X” comenzó su gusto por la lectura gracias a las famosas historietas o cómics que se vendían por miles cada ocho días y que estaban disponibles en los puestos de periódicos que pululaban en las zonas urbanas.
En esos puestos de periódicos sacábamos los pocos dineros para hacernos de la más reciente entrega de Kalimán, un Águila Solitaria y uno de La Familia Burrón, así en ese orden y guardar el preciado tesoro de lectura con dibujitos, en lo más recóndito de la mochila de piel que nos colgábamos en la espalda.
Era pues un gusto culposo porque gastábamos nuestros pesos y centavos (todavía me tocaron) en “cuentitos” prohibidos en casa. La razón era muy sencilla, no gastar en revistas de monitos, cuando en la escuela teníamos toda una biblioteca para devorar, situación que, para la edad escolar de esos tiempos, era una misión imposible.
La industria editorial mexicana tuvo un importantísimo auge a finales de los años sesenta, que se consolidó en los setenta y culminó a mediados de los ochenta cuando dejaron de vender como antaño y, debido a las bajas ventas, las nuevas publicaciones se dirigieron a la venta de historias e ilustraciones eróticas, casi como le sucedió al cine nacional de la época.
En esos años de auge, en el puesto se podían encontrar una muy buena cantidad de revistas de monitos mexicanos, entre los que tengo memoria se encontraban El libro vaquero, El libro policiaco, Tradiciones y leyendas de la colonia, El Santo de José G. Cruz, Los Supersabios, Memín Penguín, Chanoc, El Pantera, Fantomas, Condorito, Hermelinda Linda, Capulinita, Lágrimas, Risas y Amor (con toda sus historias sentimentales, que más tarde se llevarían al cine y a la televisión), entre muchísimos otros.
Las nuevas generaciones apenas conocen este antecedente de lo que evolucionó a lo que hoy se llama novela gráfica. Varias de las historietas nombradas con antelación bien podrían entrar dentro de las características de la novela gráfica, por ejemplo, toda la saga de Lágrimas, risas y amor, que al unir las entregas semanales bien podrían formar un buen libro de novela gráfica romántica.
Entre las muchas historias escritas por Yolanda Vargas Dulché, resaltarán las historias de Rubí, María Isabel, Rarotonga, El pecado de Oyuki, Encrucijada, Yesenia y Gabriel y Gabriela, entre muchos otros culebrones que se entregaban cada semana a los miles de lectores de monitos.
A partir de la historieta o el cómic se acuña el término de novela gráfica, un nuevo nombre para un arte viejo. Digamos entonces que la novela gráfica fusiona los formatos del cómic y la novela tradicional. La misma cuenta una historia mediante viñetas que contienen ilustraciones y textos, hoy en día puede estar dirigido a un público adulto, pero que no es exclusivo de él, cualquiera puede leer novelas gráficas, de la misma manera que cualquiera puede leer cómics.
El investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, Emmanuel Román Espinosa Lucas, dice que este género se reconoce por tratar temas que pueden resultar alternativos a la ya conocida historieta comercial, dependiendo de la cultura y sociedad en cada país.
“La novela gráfica se sale de los temas comerciales, de los más conocidos o hegemónicos para darle paso a la autobiografía, los sucesos históricos, la vida cotidiana, la ciencia ficción en sus diferentes ramas, entre muchas más; sin embargo, esto es a criterio del propio autor, por lo que los temas clásicos de superhéroes o comedia pueden ser tomados, eso sí, con una narrativa diferente a la acostumbrada a su homónimo el cómic”.
En la mayoría de los casos es obra de un único autor; sin embargo, puede existir una participación entre un argumentista o escritor y un dibujante o ilustrador que presentan la obra en formato de libro, donde la trama suele ser larga y abarcar temas profundos, con una atmósfera particular y un desarrollo psicológico de los personajes.
La parte importante de este género es que las ilustraciones toman un punto muy importante, toda vez que los dibujos enriquecen las historias. Si bien la lectura nos ofrece la posibilidad de imaginar los contextos de la narración a través de los ejes de los espacios físicos y temporales, la novela gráfica nos permite observar esos espacios desde la óptica del ilustrador, bajo diferentes tonos o metáforas visuales, para hacerlas lo más claro posible, lo más agradable de ver y comprender.
Antes, el cómic o la historieta era un género poco valorado desde la perspectiva cultural y sobre todo, desde su aportación al fomento de la lectura. Hoy desde otra perspectiva y otros gustos, la historieta ha evolucionado y trascendido. Con la novela gráfica se reinventan las formas de la lectura, más aún, la reconstrucción de la relación entre la imagen y la palabra.






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