Luego de los últimos resultados de la prueba PISA y de acuerdo a la última Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2011, elaborada por el INEGI, los avances científicos no le interesaban a 25 por ciento de mexicanos y, aún más, en ese año, 72 por ciento de las personas creía más en amuletos y limpias que en la ciencia
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Hace algunas semanas se dieron a conocer los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), un estudio coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que tiene como objetivo evaluar el conocimiento, desempeño y habilidades de los estudiantes de 15 años en matemáticas, comprensión lectora y ciencias en los países afiliados a la OCDE.
Los resultados de este estudio reflejaron que el desempeño de los estudiantes mexicanos en los rubros anteriores continúa a la baja y que en este año, fue más evidente. De acuerdo al Centro de Investigación en Política Pública, en matemáticas y comprensión lectora lo sitúan como el tercer país con los peores resultados de la OCDE, mientras que en ciencias, México es el país con los peores resultados.
Mucho se habló de este tema, donde prácticamente se destacaron los resultados de la falta de compresión lectora, sobre todo porque ese tema, digamos, es el “más importante” en cuestiones mediáticas, ya que la lectura se encuentra relacionada con la educación de manera general y con la lectura por placer y todo lo que de ello deriva.
Las matemáticas son fundamentales para vida práctica, además son las que sientan las bases para otras áreas y fomenta habilidades mentales; sin embargo, esta materia no fue tan “criticada” por los resultados insuficientes, ya que dos de cada tres estudiantes mexicanos no son capaces de representar matemáticamente una situación simple; por ejemplo, comparar la distancia total a través de dos rutas alternas o convertir precios a una moneda diferente, dice la OCDE.
Pero la parte menos atendida por la histeria de los medios fue la ciencia, misma que también es fundamental para desarrollar un pensamiento crítico, para tomar decisiones informadas y basadas en el conocimiento, para la actuación y resolución de problemas cotidianos, tan simple como entender la importancia de las vacunas, las consecuencias del cambio climático, derivado de las actividades del ser humano o el uso del Internet y las tecnologías digitales.
En este sentido, quiero destacar que, de acuerdo a la última Encuesta sobre la Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología en México 2011 (ENPECYT), elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los avances científicos no le interesaban a 25 por ciento de mexicanos y, aún más, en ese año, 72 por ciento de las personas creía más en amuletos y limpias que en la ciencia.
Bajo estos datos, es preocupante la facilidad con la cual la gente acepta creencias que afirman ser “científicas” y para las cuales no hay pruebas materiales sólidas ni a favor ni en contra.
La OCDE afirma que “una persona con educación científica debe comprender la importancia de tener una actitud escéptica, que se pregunte si existe algún conflicto de intereses, si hay consenso científico establecido y si la fuente cuenta con conocimientos pertinentes”.
Si hablamos de información, sobre todo con la utilización del Internet y las redes sociales, donde muchas veces existe información falsa o inexacta o peor aún, desinformación, es necesario desarrollar más capacidades y habilidades para conocer qué información es válida y confiable.
Regreso a la información generada por la ENPECYT, que en su momento, a pesar de lo contradictorio con la mención anterior, en la última edición de 2017, se dio a conocer que 92.2% de la población está de acuerdo o muy de acuerdo en que se incremente la inversión gubernamental para el impulso de la investigación científica.
Lo anterior no ha sido posible, comenzando porque este instrumento de medición científico no se ha realizado más, derivado de los diversos cambios realizados al desaparecido CONACYT y por la llegada de la Ley General en Materia de Humanidades, Ciencias, Tecnologías e Innovación, que ha sido sumamente polémico.
PISA y el tema de la ciencia en México tiene muchas aristas que deben considerarse para replantear el camino de la educación de los ciudadanos, para dejar las creencias y basar nuestras decisiones en métodos y hechos científicos. Un estudio de sangre, por ejemplo, para dejar de preguntar a los “brujitos” de la radio y la televisión, que hoy pululan, porque los ciudadanos creemos más en los chamanes que en los médicos. Creemos más en los menjurjes que en la medicina y todos sus avances tecnológicos que han elevado la esperanza de vida. Comprobado.






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