Parecería ocioso definir lo que son las quesadillas pues en el uso cotidiano la mayoría de nosotros tenemos la imagen mental de esa palabra, una “tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente”
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Por qué tanto brinco estando el suelo tan parejo. Por qué complicarnos la vida si las cosas pueden ser tan sencillas y lo sencillo también se disfruta. Existen alimentos tan prácticos como una rica y deliciosa tortilla recién salida del comal. Lo simple de tomar la tortilla, agregar un poco de sal, enrollarlo y llevarlo a la boca para disfrutar un delicioso alimento.
Cierto es que la gastronomía ha alcanzado el estatus de arte, sin duda alguna bien ganado porque a lo largo de los siglos se le ha dedicado tanto tiempo a la experimentación que ahora una receta resume una buena cantidad de horas, en el proceso de ensayo y error pero, sobre todo, en el gusto de la generalidad porque, al final, también se trata de popularidad.
De esas cosas simples que hacen la vida más placentera, existe un alimento que los mexicanos gozamos desde hace muchos años y que se ha vuelto parte de nuestro patrimonio culinario. Más elaborado que una tortilla con sal, la quesadilla se ha vuelto un alimento tan práctico como los mismísimos tacos, quizá sin tantas variantes, con diferente presentación y claro, diferente sabor.
Parecería ocioso definir lo que es una quesadilla pues en el uso cotidiano la mayoría de nosotros tenemos la imagen mental de esa palabra, una “tortilla de maíz rellena de queso u otros ingredientes que se come caliente” de acuerdo a una de las acepciones del Diccionario de la Real Academia Española.
Sin embargo, para no quedarnos cortos con esa idea, Guido Gómez de Silva, en su Diccionario Breve de Mexicanismos, anota que la quesadilla (una derivación de la palabra “quesada” que significa pastelillo de queso) “es una tortilla de maíz doblada por la mitad y rellena comúnmente de queso”.
El filólogo anota que “esta puede o no freírse, pero es indispensable que, en el comal o la parrilla, la tortilla se dore y el queso se funda”. Lo curioso es que en el uso de esta palabra existe un cambio semántico, sino en el país, al menos en las áreas conurbadas, porque ciertamente las hay de queso, pero también de papa, picadillo, chorizo, hongos, chicharrón, flor de calabaza, huitlacoche o sesos.
Así de simple es la quesadilla, pero para fines de alimentación práctica, es sumamente funcional. Uno puede encontrarse en las calles de la zona centro del país, lugares bien establecidos o en puestos semifijos, donde se ofrecen estas variedades, en diversos tamaños, a veces de masa de maíz amarilla y otras de masa azul (que son más cotizadas por su color, aunque el sabor no cambia mucho) y sí, con una amplia variedad de rellenos.
La quesadilla es tan popular que la hemos despojado de sus bondades. La tenemos todos los días a la vista que se ha vuelto transparente. Es tan similar al taco pero tan diferente por su sabor, contenido y elaboración. Los mexicanos sabemos que no es lo mismo un taco de quesillo que una quesadilla, un taco de hongos que una quesadilla de hongos con queso o una de flor de calabaza.
Alguna vez un amigo extranjero me dijo que había comido una quesadilla de jamón y queso. ¡Horror! Exclamé ofendido. Este amigo había comido una desabrida sincronizada, además, con tortilla de trigo. Nada que ver con las que menciona Don Guido y su particular sabor y sazón.
Decía que se han vuelto transparentes porque son tan cotidianas, tan cercanas y a la mano que pasan desapercibidas. Sin embargo, qué sorpresa cuando los matlatzincas y, aún más, los exdefeños, llegan al Parque Nacional “Insurgente Miguel Hidalgo” mejor conocido como “La Marquesa” a darse unos baños de naturaleza de alta montaña.
Ahí, además de los paisajes, también se encuentra una muy buena oferta gastronómica donde se puede degustar una deliciosa sopa de hongos o de médula; tacos de chorizo: rojo o verde o truchas bien frescas, tanto que saltan de la pileta al sartén.
En “La Marquesa”, en el local que prefieran, siempre se podrán encontrar esas quesadillas a las que todavía no les hacemos el honor de escribir un libro y que siempre son buena compañía de una sopa de hongos bien caliente y en ese lugar, como en muchos otros de la orografía mexiquense, no hay que brincar mucho para saber que una quesadilla es una quesadilla.






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