En general la garantía de respeto y reconocimiento a cualquier expresión cultural son entre otros, los que componen declaraciones, leyes y reglamentos y los señalan como claves para el desarrollo de las identidades individuales y colectivas.
Cuando hablamos de garantías individuales y colectivas es común que se piense que en ellas se encuentran únicamente aquellas relacionadas con los derechos humanos básicos, a la vida y la salud, la familia y la nacionalidad, a la identidad y al reconocimiento del estado y en general a las libertades de pensamiento, credo, asociación y prensa.
Pero la cultura, como un derecho humano pasa casi inadvertida, pese a que a nivel internacional, nacional y local existen legislaciones que establecen al acceso y a la participación en la vida cultural como garantías inalienables y amparadas por el estado.
El acceso y disfrute de las representaciones artísticas, la participación creativa de las personas en una o más expresiones culturales, el reconocimiento de los productos generados dentro de ellas y el respeto de los elementos que componen dichas expresiones, el derecho al fomento y a la preservación de sistemas culturales y en general la garantía de respeto y reconocimiento a cualquier expresión de este tipo son entre otros, los que componen dichas declaraciones, leyes y reglamentos y los señalan como claves para el desarrollo de las identidades individuales y colectivas.
Pero ¿qué tanto respeto a estas garantías existen ante procesos como la gentrificación? ¿Cómo preservar elementos tan importantes en la cultura como la gastronomía ante la desaparición del mercado de muchos productos que los componen?
En general ¿cómo garantizar el cumplimiento de estos derechos si poco hablamos de ellos?
Conocer nuestros derechos en cualquier ámbito es no solo necesario, es vital.
Vital para poder solicitarlos, defenderlos y enriquecerlos.
No estaría de más que insistiéramos en ellos.



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