La alocución de Weber es pertinente en los tiempos que vivimos porque indica con claridad los retos y contradicciones que debe enfrentar la acción política, poniendo especial énfasis en tres virtudes esenciales para aquel que desea dedicarse profesionalmente a la vida pública: la pasión, la mesura y la responsabilidad
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
Hace más de cien años el sociólogo alemán Max Weber impartió una conferencia ante jóvenes que posteriormente fue publicada bajo el nombre de “La política como vocación”. En este documento que salió a la luz en 1919 el autor deja en claro que no deben de buscarse ni recetas ni recomendaciones para el desempeño de actividades políticas. En cambio, el texto representa una severa crítica a los dirigentes de los partidos políticos en la Alemania de su época. En este sentido es evidente el desencanto de Weber respecto al rumbo de la política en su entorno y por lo tanto del desempeño de los liderazgos de su época, a los que responsabiliza del fracaso del Estado Alemán.
Weber centra el objetivo de la política en la búsqueda de influir en la distribución del poder a través del Estado, por lo tanto está pensando efectivamente en el ámbito de las instituciones formales; sin embargo, su postura adquiere un matiz interesante cuando se concentra en la vocación como un elemento fundamental para considerar a la política como una profesión.
La alocución de Weber es pertinente en los tiempos que vivimos porque indica con claridad los retos y contradicciones que debe enfrentar la acción política, poniendo especial énfasis en tres virtudes esenciales para aquel que desea dedicarse profesionalmente a la vida pública: la pasión, la mesura y la responsabilidad. La pasión es indispensable para luchar con determinación por el éxito político, implica sacrificio y voluntad para alcanzar el objetivo deseado. La mesura significa el equilibrio y el control de los deseos, es un punto de equilibrio con la pasión y significa la tranquilidad en las decisiones. Por su parte la responsabilidad es una referencia a la dimensión ética de la acción política, ser consciente de las consecuencias de los actos.
El pesimismo de Weber se fundamenta en la historia de la formación de los partidos políticos, encabezados por caudillos irresponsables por un lado y por burócratas sin vocación por otro lado. Tristemente los valores de la política se diluyen entre la incompetencia y el desinterés de los actores de la vida pública.
Por esta razón, el sociólogo alemán señala que a través de la política no se puede encontrar una salvación espiritual, que quien desea dedicarse profesionalmente a esta actividad inevitablemente deberá involucrarse en contradicciones éticas y poner a prueba sus convicciones y sus intereses.
A más de cien años de la impartición de esta conferencia resulta vigente mantener las preguntas que Weber se hizo en su momento, sobre todo en tiempos en los que la forma de hacer política parece ser insuficiente para atender los problemas de la sociedad en que vivimos.




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