Es bien sabido que, del 16 al 24 de diciembre, se realiza la celebración de las posadas en México, pero cabe destacar que estas también se llevan a cabo en algunos países de Centroamérica y ciudades de Estados Unidos
Francisco “Pelos” Martínez
¡No hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla! (dicho popular). Las posadas están a la vuelta de la esquina y para muchos, son celebraciones que, además de unir a la familia, son el pretexto perfecto para tomar un rico ponche. Pero ¿Cómo es que surgen estas festividades? Y ¿los niños saben el verdadero contexto de la celebración? ¿A quién se le ocurrió hacer el rico ponche? Quizás piensen que son demasiadas preguntas pero, en esta ocasión, me gustaría platicarles algunos datos interesantes para contextualizar estas celebraciones y, sobre todo, platicarlo con los niños.
Es bien sabido que, del 16 al 24 de diciembre, se realiza la celebración de las posadas en México, pero cabe destacar que estas también se llevan a cabo en algunos países de Centroamérica y ciudades de Estados Unidos. Bueno, pues estas celebraciones tienen sus raíces en la historia del peregrinaje que realizó María y José antes del nacimiento de Jesús cuyo viaje hacia Belén tardó 9 días de acuerdo con la religión católica. El término “posada” significa “alojamiento”, y en estas festividades se recrea la búsqueda de María y José de una posada.
Por otro lado, en el México prehispánico, los Aztecas celebraban en diciembre la llegada de Huitzilopochtli, el dios de la guerra. Estas solemnes fiestas duraban 20 días y para el 24 de diciembre esperaban la llegada del solsticio de invierno con un gran festejo en todas las casas. Se ofrecía comida a los invitados y pequeñas estatuas llamadas tzoalt.
El antropólogo Fernando Hijár menciona en un articulo que lleva por nombre “el origen de las posadas”, que la tradición de las posadas surge con la llegada de los españoles, principalmente de los religiosos encargados de la evangelización. Son ellos quienes toman estos festejos y realizan adecuaciones para que se quedara en nueve días.
En 1587, Fray Pedro de Soria solicita permiso al Papa para realizar una serie de misas que se llamaban “de aguinaldos” y para hacerlas más atractivas, se acompañaron por las clásicas veladoras, villancicos, pequeños regalos conocidos como aguinaldos y la tan esperada piñata.
Cabe destacar que la piñata representa varias cosas que van desde las tentaciones y quebrantos que enfrentamos en la vida, hasta la representación de la Iglesia a través de las personas que están al rededor. La venda en los ojos es la fe y el palo representa a Dios, al romper la piñata se simboliza vencer estas adversidades y ser recompensados con fruta y dulces que simboliza la gracia de Dios.
Con el paso del tiempo, las posadas se han convertido en un festín para los oídos y el paladar. Los niños pueden disfrutar de los alegres villancicos que narran la historia navideña mientras saborean delicias tradicionales como tamales, buñuelos y chocolate caliente. Estos elementos hacen que las posadas sean una experiencia sensorial completa.
¿Cómo podríamos involucrar a los niños en estas festividades? Bueno, su participación puede ser muy lúdica, ya que podemos hacer manualidades para crear farolitos, piñatas, bolsas para los aguinaldos, etc. Lo más importante es que estas actividades no solo enseñarán sobre una tradición, sino que también fomentarán la creatividad.
Más allá del aspecto religioso, creo que lo importante de estas festividades y que podemos explicar a los niños es el abrir nuestras puertas y corazones a los demás, compartir las alegrías de la temporada y construir lazos comunitarios fuertes.
Ahora sí, podemos decir que las posadas son más que simplemente celebraciones; son un viaje que nos conecta con nuestras raíces culturales y nos enseñan valores fundamentales. Al explicar estas festividades a los niños de manera lúdica y participativa, podemos transmitirles el significado detrás de las posadas. Y dale, dale, dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, pierdes el camino.





Deja un comentario