Escritor e investigador para la paz. Servidor público durante 27 años. Articulista y comentarista con temas de paz, historia y cultura. Autor en publicaciones del Ayuntamiento de Toluca y el Fondo Editorial del Estado de México (FOEM), donde se desempeña como integrante del Comité Técnico.
El ejército insurgente incendió el corazón del Estado de México. Hoy celebramos el fuego que forjó nuestra libertad
En septiembre de 1810, la Nueva España estaba dividida en intendencias, territorios creados en 1787 durante las Reformas Borbónicas, con el fin de que la Corona española tuviera mayor control del reino novohispano. Entonces, el hoy territorio mexiquense formaba parte de la Intendencia de México, que abarcaba los actuales estados de Querétaro, Hidalgo, México, Morelos, Guerrero, una parte de Tlaxcala (Calpulalpan) y la propia Ciudad de México. Era una extensa superficie que corría desde la Huasteca hidalguense, al norte, hasta las playas del Pacífico y el Puerto de Acapulco, al sur.
En esta crónica me refiero al paso de las tropas insurgentes por la Intendencia de México en 1810, en lo que corresponde al actual territorio mexiquense.

Luego de dar el Grito de Independencia la madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura Hidalgo parte de la parroquia de Dolores, Guanajuato, con rumbo al pueblo de San Miguel el Grande, hoy de Allende. Lo acompañaban militares criollos como Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Abasolo, su hermano Mariano Hidalgo y el padre Mariano Balleza (más adelante se le unirían Joaquín Arias y José Mariano Jiménez, entre otros), quienes lideraban a cientos de indios, castas y mestizos, gente del campo y los obrajes, así como tropa disciplinada.
En Atotonilco, Hidalgo tomó el estandarte de la Virgen de Guadalupe y, de San Miguel, siguió por varios pueblos del Bajío hasta llegar a Guanajuato, capital de la Intendencia del mismo nombre, donde su ejército tomó a sangre y fuego la Alhóndiga de Granaditas y aniquiló a los españoles allí apertrechados.
De la Intendencia de Guanajuato, la insurgencia se dirigió a la de Michoacán, pasando por Valladolid (Morelia) y otros poblados. En Valladolid, el día 19 de octubre, el intendente nombrado por Hidalgo, José María Anzorena, por indicaciones de aquél, emitió el primer bando de abolición de la esclavitud y los tributos. El 20 de octubre, en el camino de Charo a Indaparapeo, Hidalgo se entrevistó con Morelos y le ordenó sublevar la costa del sur novohispano.

Estamos acostumbrados a referir que Hidalgo entró al hoy territorio del Estado de México por San Felipe del Obraje, hoy del Progreso. Pero actualmente nuestra entidad tiene otra división política y, además, en ese momento la insurgencia era tan masiva (se habla de que Hidalgo encabezaba entre 80 mil y 100 mil soldados) que debemos introducir matices que siempre ayudan a reforzar las identidades locales, con hechos que se pueden corroborar teniendo como evidencia las cabezas de águila puestas en tiempos de López Mateos.
El 24 de octubre de 1810, el ejército insurgente entró a territorio mexiquense por Temascalcingo y llegó a la hacienda La Jordana, ubicada en El Oro, donde pernoctó. Al otro día pasó por territorio de Atlacomulco y Jocotitlán para llegar a San Felipe del Obraje, donde pasó la noche. Al día siguiente continuó hacia Ixtlahuaca; allí durmió dos noches. Por la mañana del 28 de octubre, el ejército enfila hacia Toluca (tocó superficie de Almoloya de Juárez, Jiquipilco y Temoaya); los líderes entraron a las 2 de la tarde y era tan grande el contingente que los últimos insurgentes arribaron a la ciudad hacia las 7 de la noche.
Muy de madrugada, el 29 de octubre, Hidalgo tomó la decisión de dividir el ejército: una columna avanzó por el camino de Lerma y otra por el de Metepec hacia el puente de Atenco (San Mateo Atenco). Horas antes, el destacamento realista al mando de Torcuato Trujillo se había retirado de Toluca y en Lerma sostuvo una escaramuza con la columna insurgente. Nuevamente, Trujillo se replegó hacia la serranía de las Cruces. Por su parte, la otra columna cruzó el puente y se internó en Santiago Tianguistenco (tocó superficie de Mexicaltzingo, Chapultepec, Capulhuac, Santa Cruz Atizapán y Xalatlaco).

Hidalgo durmió en Tianguistenco y al otro día, 30 de octubre, ambas columnas se reunieron en los Llanos de Salazar y La Marquesa para hacer frente a las fuerzas realistas apostadas en el Monte de las Cruces (Ocoyoacac), donde libraron el primer hecho de armas de la insurgencia que culminó con su victoria. Las masas festejaron ahí mismo, mientras los jefes avanzaban a Cuajimalpa.
En Cuajimalpa, los jefes pernoctaron dos noches esperando un apoyo que nunca llegó. Hidalgo decidió entonces no entrar a Ciudad de México y, con su ejército mermado (llevaba unas 30 mil almas), volvió sobre sus pasos. El 1 de noviembre arribó a Lerma y allí pernoctó. El 2 de noviembre salió rumbo a Ixtlahuaca y allí se quedó dos noches. El 4 de noviembre continuó camino al norte y se quedó en la hacienda Nijiní, Jocotitlán, mientras el grueso del ejército dormía a cielo raso. El 5 de noviembre emprendió camino a Aculco (pasó por Atlacomulco, Timilpan y Acambay). Su objetivo era tomar Querétaro, pero se enteró de que el ejército realista de Calleja y Flón se alojaba cerca, en la hacienda Arroyo Zarco.
En Aculco, la insurgencia fue recibida con diez horas de repiques de campana. Al otro día, los jefes deliberaron e Hidalgo decidió presentar batalla a los realistas. El 7 de noviembre, temprano, luego de oír misa (se dice que Hidalgo predicó a la sombra de un viejo encino conocido como Palo Bendito, a orillas de la carretera Atlacomulco-San Juan del Río), en el paraje Cofradía, cerca de la sierra Ñadó, los ejércitos se enfrentaron. Los insurgentes fueron derrotados por primera vez; una mala estrategia militar hizo estragos en las tropas, el botín capturado por Calleja fue grande y las masas huyeron y se dispersaron.
En este punto se dividieron los jefes: Hidalgo huyó a Valladolid por Querétaro y la Intendencia de Michoacán, mientras que Allende, con el resto de la tropa disciplinada (unos 3 mil hombres), se fue a Guanajuato (pasó por Polotitlán). Así terminó la expedición de la primera insurgencia por el Estado de México.
Conocemos el resto de la ruta que prendió la llama de la libertad: de Valladolid, Hidalgo pasó a Guadalajara, donde prácticamente actuó como monarca. En Guanajuato, Allende fue derrotado nuevamente por Calleja. Ambos jefes insurgentes se reunieron en Guadalajara. El 17 de enero de 1811 fueron derrotados otra vez por Calleja en la batalla de Puente de Calderón. Con 2 mil hombres huyeron al norte. En Aguascalientes, en hacienda Pabellón, despojaron a Hidalgo del mando. Luego de ser traicionados por Elizondo, los jefes fueron apresados en Acatita de Baján, Coahuila. Fueron conducidos a Monclova y de ahí a Chihuahua, donde fueron procesados y fusilados. Hidalgo fue ejecutado el 30 de julio de 1811.
Terminó así ese primer intento libertador que hoy festejamos los mexicanos cada 15 de septiembre con el Grito de Independencia. Hay más historias que contar al respecto, pero, mientras tanto, podemos afirmar que los mexiquenses tenemos la fortuna histórica de que los héroes de la primera insurgencia, con el Padre de la Patria a la cabeza, hayan pasado por nuestro territorio.







Deja un comentario