Morrissey: El eterno rompecorazones

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José Antonio Martínez "El H" - Hilo rojo

Ser fan de Morrissey es sin lugar a dudas una tarea titánica digna de ofrendarse como penitencia hasta al más reticente y duro de los santos o deidades de cualquier religión, además de que dota a sus seguidores de una alta tolerancia a la frustración

José Antonio “H” Martínez / @Marginaldo_Mtz

A principios de la década de los 80, Steven Patrick Morrissey, habría de fundar junto a Jhonny Marr, una de las bandas icónicas del rock y en buena medida, de la música: The Smiths, que abrazando la estética del pop, pero la rebeldía del rock y tiñendo sonoridad y lírica con las sombras de algo parecido al dark, habrían de marcar tendencia.

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Sin embargo, y a pesar del éxito alcanzado, en 1987, antes de que apareciera su cuarto álbum, la banda dejó de existir a raíz de la diferencias personales —ya insalvables— entre Marr y Moz y es quizás en ese momento, cuando inicia el registro de corazones rotos (el primero, el del guitarrista de la banda Inglesa) en el haber del que pudiera ser uno de los personajes más odiado-amado del ámbito musical.

Es preciso decir, que la colaboración de hoy, está escrita más desde la postura del fan que del articulista imparcial, esto a raíz de la reciente reprogramación de las presentaciones del creador de Suedehead, aunque no es nada nuevo para su fieles seguidores y en todo caso sí algo a lo que deberíamos estar acostumbrados (he caído en la cuenta de que ser fan de Morrissey es el equivalente a ser hincha del Cruz Azul en el futbol), no deja de frustrar a quienes le seguimos de manera incondicional.

La primera de estas decepciones amorosas sucedió en 2013, cuando tan solo a un día de su intervención en el Festival Vive Latino, se anunciaba mediante un comunicado que debido a problemas de úlcera sangrante y neumonía, el cantautor irlandes no se presentaría; noticia funesta para quienes esperábamos con ansia el suceso.

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Tristes y a punto de romper toda relación con Steven Patrick, cual historia digna de telenovela, la reconciliación con el público mexicano sucedió en 2017 cuando Monterrey, CDMX, Puebla y Guadalajara, cantaron extasiados los éxitos de los Smiths y de Moz en solitario.

No habría de ser si no hasta 2018, que There is a light that never goes out (entre otras que formaron parte de su setlist), resonara en el Foro Sol, eso sí, con la condición de que durante su acto dejaran de preparase y venderse, todo tipo de productos cárnicos y es que, por si fuera poco, Moz, además de ser un inglés flemático y depresivo, es también vegano y más aún, fundamentalista de dicha postura.

Un lustro tendría que pasar para que el creador de México —canción que habla de manera somera sobre la desigualdad entre ricos blancos y el grueso de la población, pero que también (según se rumora) está dedicada a un enamorado de por estos lares y lo que pudiera representar también esta relación toxica del artista con nuestro país— prometiera fecha en la CDMX.

Sin embargo, y como ya pareciera ser costumbre, apenas unas horas antes de su actuación en el Palacio de los Deportes sería reprogramada para el próximo mes de octubre, esto debido a que a su llegada a territorio nacional contrajo dengue, lo que le impide estar en activo al menos tres semanas y aunque la esperanza muere al último, quienes ya lo conocemos, sabemos que ante la cancelación total de sus fechas en el sur del continente es evidente o casi seguro que verlo de nueva cuenta, llevará algún tiempo.

Ser fan de Moz es sin lugar a dudas una tarea titánica digna de ofrendarse como penitencia hasta al más reticente y duro de los santos o deidades de cualquier religión, además de que dota a sus seguidores de una alta tolerancia a la frustración y es por ello que cual mujer sumisa de película de la época de oro del cine mexicano, seguiremos esperando su regreso, con los brazos abiertos y dispuestos a darle, por enésima vez, otra oportunidad.

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