PAN y PRI chamaqueados por la 4T (de nuevo)

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J. Israel Martínez Macedo - Demonios en directo

Periodista, director editorial de La Jornada Estado de México y director de Yo Soy Noticias.MX; colaborador en los noticieros de Lokura FM y Ultra Noticias. Trabajó en Diario Cambio, Milenio Edoméx, dirigió QS Noticias y colaboró en el programa «Estrategia Pública» en Mexiquense Radio 1600 AM. Es asesor en gestión de crisis y diseño de estrategias digitales, entre otras. Docente de Periodismo Digital y Estrategia y Diseño de Empresas de Comunicación en la UAEMéx.

El PRI y el PAN fueron sorprendidos por Morena, quienes se acercan a la mayoría calificada en el Senado. Traiciones políticas y estrategias al descubierto

Como si se tratara de un par de novatos, el PRI y el PAN se vieron «sorprendidos» por Morena, quien, sin mayores aspavientos, se ha hecho de los dos senadores que pertenecían al PRD, su exaliado en las pasadas elecciones, y está a un solo escaño de alcanzar, también, la mayoría calificada que necesita en el Senado para aprobar en el pleno las reformas constitucionales que tanto anhela el presidente Andrés Manuel López Obrador.

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Los senadores Araceli Saucedo Reyes y José Sabino Herrera traicionaron a los votantes que les dieron su apoyo para votar en contra de las reformas constitucionales y se sumaron a Morena, comprometiendo su voto a favor, luego de que el sol azteca está en proceso de desaparición por no alcanzar el mínimo de participación que marca la ley.

Los experredistas, tras la extinción de su partido, corrieron al refugio de los morenistas, quienes los presentaron ya como parte de su bancada, sumando dos de los tres votos que necesitan en esta cámara para alcanzar la mayoría calificada y lograr los cambios a las reformas constitucionales ordenadas por el presidente López Obrador a las bancadas de sus alianzas: Morena, PT y Verde.

En ese movimiento hubo una de dos sopas: o panistas y priístas están tan distraídos en sus pugnas internas por la renovación que no se dieron cuenta de que Morena les estaba comiendo el mandado con los perredistas o simplemente no les interesó cobijar a sus anteriores aliados porque en su micromundo la alianza fue un rotundo fracaso y, aunque todavía tengan temas en común, es mejor luchar por su cuenta que intentar superar sus reproches por un fin común.

Entre que son peras o manzanas, la realidad es que ante la conformación de un escenario en el que el grupo oficialista (Morena, Partido Verde y Partido del Trabajo) está a un voto de lograr la mayoría calificada necesaria para aprobar las reformas que, entre otras cuestiones, prevén cambios en el Poder Judicial, la eliminación de siete órganos autónomos (entre ellos el de transparencia y protección de datos personales) y lo que dio origen a todo, la electoral (que le daría ventaja al partido en el Poder en cualquier proceso futuro).

Al mismo tiempo, un desdibujado Jesús Zambrano intenta hacer un llamado a sus excorreligionarios para que no traicionen la decisión popular, el apoyo que los llevó al escaño que ahora ostentan, pero parecen palabras lanzadas al viento porque el anuncio está hecho y los senadores Araceli Saucedo y José Sabino han traicionado a su electorado, mentido a la población respecto a sus convicciones y se robarán los votos de la oposición para entregarlos a Morena. Pareciera que eso de no mentir, no robar y no traicionar solo aplica para un lado de la moneda.

Curiosamente, el desenmascaramiento de los dos senadores experredistas se dio a consecuencia de una imprudencia del senador del Verde, Manuel Velasco Coello, quien aseguró tajantemente que el oficialismo ya tenía consigo los tres votos que necesitaba para poder llevar a cabo la reforma constitucional ordenada por el Presidente, algo que no gustó mucho al líder de los senadores morenistas, Adán Augusto López Hernández, quien rápidamente salió a desmentir tal versión.

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Quizás la estrategia de los morenistas era mantener todo en silencio para tomar por sorpresa a la oposición en el día y la hora de la votación; evitar que se anticiparan facilitando el proceso de aprobación del deseo lopezobradorista y poder entregar al Presidente, las reformas en los últimos días de su mandato para que pueda haber cumplido su más sentida promesa de campaña: haber mandado al diablo a las instituciones mexicanas.

Ahora, al interior de Movimiento Ciudadano, PRI y PAN se han reforzado las medidas de acercamiento con sus senadores para asegurarse de que ninguno de ellos será el Judas que termine dando el voto que falta a la oposición para poder ejecutar la jugada final que permitiría que, ahora sí, ya no haya marcha atrás en la llamada cuarta transformación y se avance hacia un régimen de gobierno más cercano al México de los setentas que a la democracia que se pretendía construir con la derrota del priísmo en las urnas justo en el cambio de milenio.

¿Podrán los partidos evitar que ese Judas emerja en el último minuto de la votación? ¿Logrará Morena convencer al mismo personaje a cambio de sus 20 monedas de plata y sus cinco metros de soga (porque el suicidio político será lo único que le espera, así como a los dos senadores perredistas que ahora cargarán consigo por siempre el ser identificados como los que torcieron bandera) para entregar el voto decisivo?

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Y más aún, ¿saldrá alguna sorpresa de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en donde la ministra del Presidente, Lenia Batres, está haciendo hasta lo imposible para evitar que el tema de la sobrerrepresentación sea tratado en esa tribuna y pueda venir a echar abajo todo el tinglado construido por la 4T para este cierre de sexenio?

Ciertamente que no se recuerda en el país un cambio de administración tan turbulento e incierto desde los tiempos del paso de estafeta de Carlos Salinas de Gortari a Ernesto Zedillo Ponce de León, mismo que dejó por herencia al país: el error de diciembre, el zapatismo, pero que sentó la base para que la transición política llegara a la Presidencia de la República y, con ello, la apertura a la posibilidad de lograr una democracia plena que, ahora, podría estar en riesgo.

Por lo pronto, lo que se ve no se juzga y solo queda pensar que de nueva cuenta los priistas y panistas han sido rebasados por los morenistas en el juego de estrategias para conseguir cada cual sus objetivos o simplemente estamos ante una absurda simulación en la que ya todo está negociado y no hay nada más que hacer; este último escenario, muy lamentable pero no imposible dado lo que hemos visto en las últimas semanas de ambos partidos que han demostrado que la mezquindad y el protagonismo son la marca de la casa.

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