Polémica (y arte) inexistente

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Cultura Angélica Vargas - Zoo Politismou

La polémica sobre quién es un artista y lo que es el arte ha ardido desde siempre, sin embargo, en nuestra época digital a ese “debate” hay que agregar el factor de las redes sociales y el impacto de los “influencers”

Angélica Vargas

El artista francés Marcel Duchamp, célebre por construir arte dentro de la vanguardia dadaísta exclamó que su obra “El Gran Vidrio” estaba concluida cuando, por accidente los operarios que lo transportaron a otro espacio en el que se exhibía, se cuarteó.

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Duchamp, es el mismo artista que expuso un mingitorio intervenido con el título de “Fuente” y una rueda de bicicleta montada en un banco de madera. En su tiempo (y en el nuestro) recibió muchas críticas por la utilización de materiales que no ayudaban a distinguir ni siquiera a qué disciplina artística pertenecía, además del uso de elementos como el propio polvo que se asentaba en él como parte de la obra misma.

“El Gran Vidrio” está por cumplir cien años de existencia y pese a que, junto a otros ejemplos de su trabajo utiliza al azar como una de las formas de construcción, está basado en el trabajo meticuloso de Duchamp que guardaba notas precisas de sus obras.

Desde el brote de las llamadas “Vanguardias artísticas” a principios del siglo XX mucho se ha debatido sobre lo que es el arte a raíz de la utilización de materiales, temas y técnicas poco convencionales.

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La polémica sobre quién es un artista y lo que es el arte ha ardido desde siempre, sin embargo, en nuestra época digital a ese “debate” hay que agregar el factor de las redes sociales y el impacto de los “influencers”.

En todas las redes sociales hay un ejemplo de quien, una vez alcanzados los millones de vistas por cualquiera sea su gracia se han asumido como artistas sin tener ni la preparación técnica ni la práctica necesaria para hacerlo.

La “polémica” más reciente es la que se dio vía Instagram mediante la apertura de una galería virtual con el trabajo plástico de una influencer muy joven, quien decidió ofrecer sus obras, basadas en imágenes expuestas en Internet en precios exorbitados según los internautas.

Los comentarios apuntan a que ni el material, la técnica o el tema son suficientes para solicitar ese monto.

No quiero ahondar en los comentarios que hablaron sobre la falta de visión que causa ser una persona privilegiada o la respuesta en defensa de estas muestras de arte que se dieron como palos de piñata asegurando que la crítica a la joven se hace por parte quienes son “mental y espiritualmente infelices”.

Sin embargo, la apertura de la galería virtual lanzó un “trend” en Tik Tok donde artistas plásticos de todo el país mostraron sus trabajos, fruto de años de estudio o práctica asegurando que estaban malbaratando su arte en comparación con el de la chica.

“Aprovechando la polémica” empieza el “trend” no obstante no veo tal.

Es claro que el arte no mide su precio en los materiales que lo componen, ni en la técnica que utiliza y ni siquiera es necesario ser bello, pero si es esencial que logre conectar la expresión de autor con la sensibilidad del receptor.

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Una polémica inexistente (como el arte de los “influencers”) sobre en cuánto quieren vender sus productos es tan vacua como exigir a cualquier otro creador que ajuste su precio a nuestros bolsillos.

El arte es más que el acto de practicar una disciplina artística o tener talento para ello, no obstante, no se pueden obviar.

Las nuevas generaciones de consumidores digitales tendrán frente a ellos no solo discusiones bizantinas que los contemporáneos de Marcel Duchamp no hubieran siquiera imaginado, sino otras como el uso de Inteligencias Artificiales en el arte.

Y ante las inteligencias artificiales no habrá influencer que facture.

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