“Como se vive, se muere”
Refrán popular
Carlos Mota Galván / @CarlosMotaG
La esperanza que muchos tenían en que México dejara por fin atrás la violencia desatada en su territorio desde 2006, con la llegada de un gobierno que prometía hacer las cosas diferentes, no ha sido sino un engaño más al que fuimos arrastrados por nuestra necesidad de ver un cambio.
Ahora, no sólo se han incrementado las muertes violentas al llegar a casi 200 mil ejecuciones durante esta administración, sino que el legado que deja a su heredera nos permite vislumbrar un futuro todavía más negro que aquel con que empezó la cuarta «transformación».
El país, además de estar sometido a toda clase de crímenes, ahora se encuentra en suspenso por lo que pudiera pasar en Sinaloa, amenaza de una guerra interna por parte de los grupos de Los Chapitos y La Mayiza, tras la captura del Mayo Zambada el pasado 25 de julio en El Paso, Texas, según confió un miembro del Cártel de Sinaloa a un reportero del Wall Street Journal.
A tres semanas de esta detención, donde sólo hay especulaciones de cómo se efectuó, nos queda claro con lo que han aportado cada uno de los involucrados en el caso, que el crimen organizado es quien toma las decisiones políticas en muchos casos en el país; que el gobierno de Estados Unidos no confía en su vecino y que, presionado por sus electores, hará lo que juzgue necesario para frenar el ingreso de fentanilo a sus fronteras; y que el gobierno mexicano no tiene ni idea de lo que pasa en su territorio.
Esta administración ha decidido dejar hacer al narco lo que le venga en gana, prefiriendo voltear hacia otro lado antes que cumplir con su obligación, bajo el argumento de que atacar frontalmente a los capos, como pasó con Calderón, incrementa la violencia, pues al cortar una cabeza, surgen 100 más. Si nos atenemos a los resultados (estadísticas, incluso oficiales), nos damos cuenta de que esta es una falacia que propicia corrupción e involucramiento, voluntario o forzado, de funcionarios en todos los niveles.
Estados Unidos, por su parte, quien se encuentra en plena época electoral y donde sus ciudadanos exigen que se frenen las muertes por sobredosis, que registran y pese a que en 2023 consiguieron 1 mil 500 muertes menos que el año anterior, el flagelo que el fentanilo y los opioides sintéticos propician es muy amplio, representando que 70 por ciento de las muertes por sobredosis en ese país sean causadas por dichas drogas.
Esta realidad obliga tanto a demócratas como a republicanos a ir con todo para mostrar a sus posibles electores que quienes contrabandean con el fentanilo (50 veces más poderoso que la heroína) serán castigados por la justicia norteamericana; de ahí que la captura del Mayo cause tanto revuelo y, si lo convierten en testigo protegido, el efecto se potenciará, llegando hasta donde el gobierno norteamericano y sus agencias juzguen pertinente, incluso contra exfuncionarios y funcionarios mexicanos de muy alto nivel.
Por su parte, el Mayo Zambada parece dispuesto, cualesquiera que haya sido la verdad sobre su captura, a cooperar con sus custodios para evadir incluso la pena de muerte. Andrés Manuel, mientras tanto, sigue enviando mensajes a los delincuentes de que ellos, el gobierno que preside, no tuvieron nada que ver con su detención, llegando incluso a prometer someter a quien haya participado en un juicio por “traición a la patria”.
Tarde que temprano, la verdad saldrá a flote respecto a cómo se ejecutó esta detención, mientras muchos habitantes de Sinaloa y otros lugares viven con la incertidumbre respecto a si se desatará o no una guerra interna en el Cártel del Pacífico y cuántas víctimas cobrará dicho enfrentamiento; una cosa es segura, los “abrazos no balazos” fallaron estrepitosamente, y amenazan con representar una segunda temporada.






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