La humanidad y sus costos

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José Javier Niño Martínez - Horizonte social

Desde la sociología también se vislumbra un panorama incierto con un factor que la demografía clásica pasó por alto en su momento: la modernidad capitalista. Dice Zygmunt Bauman en el libro titulado Vidas desperdiciadas: “El planeta está lleno”

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Desde hace ya muchos años se han vuelto comunes los conceptos que aluden a la condición poblacional en el mundo: Explosión demográfica, sobrepoblación, densidad demográfica, crecimiento poblacional, etc. Si nos detenemos un poco para analizar estos términos es posible observar en ellos una connotación de peligro, de atención al riesgo que implica ser más personas de las que necesita el mundo para mantenerse sustentable. 

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Este temor no es una cuestión novedosa, el economista devenido en demógrafo Thomas Malthus propuso en el Ensayo sobre el principio de la población la afirmación de que mientras la población crece de forma geométrica, la producción de alimentos crece de forma aritmética, lo cual de forma inevitable, a lo largo del tiempo se traducirá en la incapacidad de satisfacer las demandas alimentarias de la humanidad, generando hambruna y poniendo en riesgo la supervivencia de la especie. Como se puede ver Malthus era un pesimista que vislumbraba un futuro incierto si no había un control poblacional.

Desde la sociología también se vislumbra un panorama incierto con un factor que la demografía clásica pasó por alto en su momento: la modernidad capitalista. Dice Zygmunt Bauman en el libro titulado Vidas desperdiciadas: “El planeta está lleno”, es una premisa inicial y una provocación a través de la cual se explica que los espacios de la geografía terrestre están siendo ocupados por los residuos humanos, los cuales son resultado del incremento de la productividad de bienes que eventualmente son desechados por las sociedades consumistas. Los elementos contaminantes desechables se multiplican en producción por la demanda de consumidores mientras que su vida útil tiene un limite reducido.

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Sin embargo, a esta producción material que llena cada vez más a nuestro planeta hay que sumar una gran crisis humanitaria: las vidas que no son útiles a la modernidad consumista. Los seres humanos que tenían como estilo de vida las comunidades apegadas a economías locales resultan poco útiles para el desarrollo de la economía global, en ese sentido la utilidad de sus vidas carece de orientación y suelen ser despojados de la idea de desarrollo, se convierten en parias de la economía. Las fronteras sociales radicalizan el sentido de las fronteras territoriales incluso hacia el interior de unidades nacionales y grupos étnicos terminan convirtiéndose en extranjeros de su propio país.

Es visible esta crisis de la sociedad global en la medida en que se distinguen prácticas de exclusión de clase, de identidad de género, de pertenencia étnica y de otro tipo de características fisiológicas, por lo que resulta indispensable reconocer el valor de todas las vidas en la humanidad y más aún, es fundamental sustituir la identidad de consumo por una del reconocimiento de la validez de los diferentes estilos de vida, solo así podremos asumir los costos de la modernidad.

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